1938-2019

Nos dejó el viejo Manuel Silva uno de los máximos referentes del baloncesto iquiqueño. Por más de medio siglo su nombre estuvo asociado a este deporte. Jugador, dirigente y sobre todo formador, se las arregló para luchar contra la corriente y salirse, casi siempre con las suyas. Aclaro las suyas eran las nuestras. Jugó fútbol pero su pasión fue el básquetbol. Siempre reconoció que su hermano Enrique fue mejor en el balompié. No así en el manejo del balón, ya sea en la Casa del Deportista, en el Chung Hwa o en la plaza Arica, cuando esa cancha era nuestra.

Las nuevas generaciones le decían tío, para nosotros, era el viejo, y de allí una serie de adjetivos: hocicón, idiota, jodido, porfiado  etc, pero en el fondo era el padre que se  hacía cargo de todos nosotros apenas llegábamos a ese inmenso patio que era la plaza Arica. Luego de la siesta, aparecía por la calle Errázuriz. Nos  silbaba e indicaba que empezaban los entrenamientos. Tuvo inmensas penas como la muerte de Oscar Ahumada y de Andrés Mery. Era viejo barrero y tenía sus regalones. Regularmente los visitábamos en su casa, nuestra sede social cuando aún no teníamos, la que hoy tenemos.

No sólo está de duelo La Cruz, lo está el deporte iquiqueño. La Tierra de Campeones no se entiende sin figuras como Manuel. Era y sigue siendo un viejo lindo que le brillaban los ojos cuando nos veía. El 2011 le dimos su mayor alegría cuando los crucianos alzamos la Copa de Verano.

Sus adversarios lo respetaban y  querían: «era un envenenado con La Cruz» se decía. «Mi Club» afirmaba y preguntaba como estaban las nuevas generaciones. Tenía, por cierto, varios sobrenombres. Con el viejo aprendimos que ser cruciano es tener todo en contra. Ser de La Cruz es cargar una cruz. En la celebración de nuestros 95 años, le cantamos el «viejo mi querido hijo», nuestro himno y le reactualizamos todo el cariño, admiración y gratitud. Fue un estibador marítimo, que supo formar decenas de generaciones de crucianos. Creo que fui uno de sus regalones.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 6 de enero de 2019.

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