Eduardo Cordero, el basquetbolista porteño convertido de la noche a la mañana en un astro del equipo chileno olímpico, contaba sus comienzos en el básquetbol.

-No es que me entusiasmara mucho el deporte y menos el básquetbol, pero en Iquique, donde nací, mis compañeros me hacían mucha burla por mi gordura. Era tipo «chupadito». Y decidí jugar básquetbol para bajar de peso. Era díficil que me sacaran de la cancha, me pasaba todo el día corriendo y brincando, hasta que conseguí lo que quería.

 

Si no hubiera sido por mi gordura no habría hecho básquetbol y me habría perdido este viaje a Londres y ser protagonista de una Olimpiada Mundial.

 

Don Pampa, Revista Estadio, 31 de julio de 1948, página 28

 

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