Aleluya: Si te dijera amor mío

Al alba y en cuarentena me llega como afilada guadaña la noticia de la muerte de Luis Eduardo Aute.

Con él muere la belleza, la ética y el erotismo. Una mesa con tres patas.

En una calle de Amsterdam, en los años 80, encuentro una pequeña librería que vendía además discos. Veo, un LP, un rostro enjuto y de pelo largo. El disco se llama Espuma y viene con un verso de Vicente Aleixandre y otro de Paul Eluard. Lo compro sin saber de que se trata. Desde ese año Aute me ha acompañado. Lo ví en un concierto íntimo en Santiago, cuya entrada era un libro. Llegué dos horas antes, venía de Iquique. Hablé con los productores y me sentaron en la segunda fila. Eran los años 90. Luego de ese concierto tan humilde y de tanta calidez, Aute nos da la palabra. Me costó un poco y dije algo así: «He viajado cerca de 1800 kilómetros para verte y sobre todo para agradecerte. Tus canciones, me han salvado la vida». Luego agregué muy suelto de cuerpo que su mejor álbum era Templo. Y lo sigo sosteniendo. Tengo una foto con él y su CD doble Entre amigos, con su firma.

Luis Eduardo Aute en sus canciones nos deja un manojo de canciones no tarareables. Lo suyo no era el estribillo fácil, al no ser que lo usará como ironía. La sensualidad era lo suyo. Si no me creen vean y escuchen la interpretación de Slowly con Cristina. Usó el cine, una de sus pasiones, en muchas de sus canciones. «Por que la vida es cine…». Por cierto que Las cuatro y diez, es una de sus mejores temas, «entonces James Dean tiraba piedras».

Con la muerte de Aute «presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga…».

«Sé tú espuma que queda después de aquel amor» Vicente Aleixandre

Iquique, Chile, 4 de abril de 2020, tiempo de cuarentena.

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