La suspensión la fiesta de La Tirana el año 1934 por motivos de salud, hizo que se realizara en Iquique, en la plaza Arica. Hasta la fecha se lleva a cabo, aunque ya no de un modo exclusivo, la Tirana Chica, en lo que antes se conocía como plaza Gibraltar.

La construcción de la capilla por parte de los habitantes del barrio en un terreno donado por la familia Gamboni, transformó a éste en la capital de la religiosidad popular. Por sus calles de tierras y por los frondosos árboles de la plaza los bailes religiosos acudían a bailar y a cantar a la China. Los chunchos de Serapio Cartagena, los pieles rojas de Aniceto Palza, y una treintena más de bailes demostraban su fe. Un diablo suelto Carlitos Arrey, con su capa desteñía representaba al mal. Era conocido como el diablo tumbao. El resto del año vendía chupete helado en un carro con una sola rueda.

El barrio se iluminaba y se ponían cintas de colores. La procesión al pasar de vuelta por la calle Errázuriz, y justo frente a la casa de doña Ventura, caían palomas sobre la virgen. El comercio estaba compuesto sólo por la venta de polulos, alfajores y embelecos traídos desde Tacna.

Los bombos, cajas y pitos, recién a fines de los años 50 aparecen los bronces, le otorgaban aquella sonoridad que hoy poco se escucha. Viejos bailarines como Iván Passteni, Arturo Barahona, José Zuleta y Tito Rodríguez, el Manicero, en ese tiempo jóvenes junto a las Cuyacas sostenían esta tradición.

El barrio plaza Arica está hoy de fiesta. Al no tener fecha de fundación, asume el año 1934 como uno de sus hitos más importantes. Los primeros asentamientos en este sector datan del 1850. En esta celebración es bueno no sólo recordar a los obispos, sino que a también a las decenas de caporales que fueron capaces de persistir y resistir a los ataques no solo de los pitucos de la época sin que también de parte del mismo clero. Aún se escuchan los ecos de las campanas que tocaba el pelao Gamboni.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 13 de octubre de 2019, página 13

 

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