Nunca imaginó el profesor Yáñez que al componer el himno de la escuela Centenario Nº6,  iba a inmortalizar en esa pieza musical, un sentimiento que se viene expresando desde ese año en que ensayó estrofas y melodías en esta ciudad, y que finalmente se transformó en ese estribillo “Saludemos con un ra ra, a la Madre Educacional, a la escuela Centenario Nº 6”.

Ya bien los sabemos, los himnos operan como dispositivo de reactualización de sentimientos y afectos. Especie de reactualización y de proyecciones de una institución que se inserta de un modo activo en la comunidad.

La Colonia China del 1910, no ha alcanzado a dimensionar el impacto de su obra filantrópica. Al donar los territorios hizo una apuesta social y cultural que otros, ahora, deberían imitar.  Eligió dos fechas memorables,  la de la patria donde nacieron y la de patria que los recibía y que cumplía cien años de vida independiente.  Octubre fue el mes de la donación. Lo demás es una historia, la de la escuela enclavada en la Plaza Arica, que hay que escribir, ya sea con fotografías, testimonios y archivos: libros de clases, actas, etc. Las rivalidades con la escuela 4, etc.
“La Madre Educacional” así lo expresa el himno, albergó a niños del barrio, que la 6, iluminó con sus libros de lecturas: “Hace tiempo que en Iquique, por los barrios resplandece…”. Este más el chino que todos cantamos,  sin saber que cantamos, cada 10 de octubre, es una marca más de nuestra fuerte identidad multicultural. En bromas, afirmamos que la Centenario, es la que más himnos posee. Y constituye una rareza, que un barrio entero, como el mío, en noches de luna o sin ella, se entonen, a lo menos, tres: el de la escuela, el chino, el de La Cruz, para rematar con “salud mundial torneo de Caza Submarina”, un invento de Enrique Luza, que Germán Barrios Figueroa, el Tony, incluyó en esas noches de cantos sin luna o con ella (“Con cinco marineros y un solo capitán…”).  El sábado pasado al celebrar los 87 de La Cruz, esas piezas fueron interpretadas por una sucesión de generación, todos ex alumnos de la “escuela de los chinos”.
Para demostrar que se aprendió a leer y a escribir en esas aulas de maderas, no hay que mostrar certificados ni cosas parecidas. Basta, entonar las primeras estrofas de ese himno de ese país lejano, que los chinos nos enseñaron a deletrear. Himno tan complejo, pero familiar  como la gramática de un ábaco, con que el chino de la esquina sumaba un octavo de aceite y un cuarto de mantequilla con la exactitud y rapidez  de esas calculadoras que la Zofri nos trajo, por allá por la segunda mitad de los años 70.
De la 6, hay personajes distribuidos en el mundo entero. Algunos de ellos, el profesor de la Universidad de Wichita, Dr. Pedro Bravo Elizondo, y en ese mismo país, en Estados Unidos,  Julio León. La tarea es ahora aglutinar a los ex alumnos y generar los aportes que nuestra escuela necesita. La Universidad de la Plaza Arica, así le decimos, se lo merece.

Publicado en La Estrella de Iquique el 10 de octubre de 2010. Pagina A-9

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