21 de marzo de 1931.

Este otro iquiqueño destacado jugó por el Chung Hwa. Pertenece a la amplia familia Ostoic de la ciudad. Jugó por la selección nacional, y el año 1958 fue elegido como el mejor pivote de Chile, junto a otro iquiqueño de pura cepa, Ricardo Miranda, más conocido como » El Conejo «. Ese mismo año fue elegido como uno de los mejores aleros de ese nacional. Juan Ostoic en sentido estricto no es iquiqueño, ya que nació en Rosario de Huara.

Esta es la ocasión perfecta para contabilizar nuestros triunfos y nuestras derrotas. Esta es la ocasión perfecta para hablar de uno de los hombres y de los nombres más emblemáticos  no sólo del básquetbol local, sino que nacional e internacional.

Es también el momento, si me lo permiten de ensayar algunas cuestiones relativas a la Tierra de Campeones. Preguntarnos que hizo que fuéramos tan buenos para todos, y que hizo que de esa gloria ya poco quede.

En primer lugar hay que constatar la existencia de una ciudad articulada en torno a los barrios. Este invento de la sociedad civil hizo que la sociabilidad popular y deportiva echara raíces sobre un terreno abonado por el salitre.  Luego el club deportivo hizo el resto. Es decir, aquella institucionalidad fuerte, maciza, creíble que ordenó y planificó la actividad, toda vez que la encantó. Esa es la palabra que el deporte tenía para esos iquiqueños.  Ese encanto desapareció. Era el modo de expresar nuestra identidad. Era la manera de decir somos del Yungay o de Sportiva, del Matadero, del Morro o de Cavancha.  Luego venía la gran síntesis: la selección de Iquique. La celeste, expresaba el sentimiento identitario. Vestir la celeste era el orgullo.

Estoy hablando de un Iquique integrado. Una ciudad multicultural en la que los migrantes supieron encontrar su lugar para expresar su solidaridad y sus agradecimientos. El momento en que sin mediar lenguas extrañas o colores de piel diferente, hombres y mujeres cerraron filas en torno a la caleta que caminaba a  ser puerto.  De allí que un croata de apellido Ostoic ingresara a las filas del Chung Hwa un club creado el 2 de marzo de 1932, por la numerosa, activa y solidaria colonia china. ¿Qué hacía un croata, nacido en Rosario de Huara,  con una camiseta con un sol en el pecho? La sociología no puede responder esa pregunta.  Espero que Juan lo haga. El sabe porqué.

Luego, en segundo lugar hay que resaltar la existencia de una ética deportiva fundada en el amor a la camiseta. Es decir, una ética estructurada en torno al orgullo y a la identidad. Un orgullo de vivir en una tierra que sustentó la economía nacional en la época del salitre, una ética sustentada en el protagonismo que Iquique tuvo en la historia nacional.  Desde Prat hasta Godoy pasando por el Tani, indican que en estas tierras y en estos mares la gestas no sólo son militares sino que también deportivas.

Pero también hay en el inconsciente deportivo iquiqueño una vieja querella que aún se nos representa en forma muy rica. Es nuestra relación compleja con el centralismo santiaguino. Es como lo he dicho alguna vez nuestra relación con la Madrastra Santiaguina, que cual Cenicienta, nos hizo trabajar hasta consumirnos. Pero a diferencia del cuento, el príncipe aún no encuentra a a quien ponerle el zapato. De allí que cada cierto tiempo nuestra Madrastra nos envíen zapatos bajo la forma de políticas públicas, funcionario blancos que llegan a ordenar esta ciudad popular y que se regresan tristes a sus tierras de orígenes, y con el populismo más vivo que nunca. Jorge Soria es la mejor expresión de lo que digo.

El básquetbol iquiqueño tiene su época de oro en la década de los 40. En Linares y Talca el año 41 y 42. Pero, ya el año 1932 había sido campeón de Chile en Iquique. Es la época de Ledesma, de Wood, de Bontá y de tantos otros.  Lo del 43 representa ya la tragedia. De nuevo la Esmeralda hundiéndose bajo el espolonazo del Huáscar, vestido con los colores de Valparaíso. Pero en ese cuadro venía jugando ahora Ledesma y Eduardo Cordero.

La crisis del salitre hace que mucho de los nuestros emigren a tierras extrañas. Entre ello Juan Ostoic que integra la selección chilena del año 48 junto a Eduardo Cordero y Juan José Gallo.

Los triunfos de Juanito como se le conoce son tan largos como su geografía. Indicarlo aquí sería como mucho. Pero hay que resaltar eso si su capacidad para pensar este deporte. Juan es un intelectual del básquetbol. Tiene la explicación precisa para entender porque el básquetbol iquiqueño en los años 40 decayó, en términos de los dibujos tácticos.

Siendo esta ciudad una ciudad llena de defectos, tiene uno que es capital:  su falta de memoria. Es su capacidad de cultivar la desmemoria.

El año 58 fue elegido como el mejor pivote de Chile. Con el número 10 en el pecho, con unos bigotes de la que aún quedan rastros, con una sonrisa pintada por el orgullo, Juan Ostoic nos representa a donde quiera que vaya.

A mi en lo personal, cuando conozco en vivo a la gente que tanto ha hecho por Iquique, a quien admito y quiero, aunque haya jugado por el Chung Hwa (Es una broma, este club fue eterno rival de La Cruz, institución a la que pertenezco), me brota esa identidad que hombre como Juan Ostoic tanto ayudaron.

A él le debemos mucho de lo que somos. Y los actos como el de hoy, ayudan en algo a encontrar esas raíces deportivas que hemos extraviado.

Esas raíces que hicieron posible que este árbol-pivote con el número diez, en el pecho crecido como el más solemne de los tamarugos de Huara y regado por la escasa agua que en esos tiempos había en Iquique, se convirtiera en uno de los mejores embajadores de la Tierra de Campeones, espera que su ejemplo seguido por el Negro Pardo,  por Hernán Low, y ahora por la Massiel Mondaca, por Schenoni y por los otros por venir,  pueda de nuevo, ubicarnos en el lugar donde siempre debimos estar, o sea en el  campeonismo.

Texto escrito con ocasión del homenaje que el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat realizó a Juan Ostoic, el día 26 de noviembre de 2003.

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