Las mujeres también aportaron con su talento al desarrollo del ping-pong. Una de ellas la rubia Gladys Grant Anacona, fue titular de la Selección Chilena de Ping-Pong, iquiqueña y del Remache. Gladys jugó por el Blindado.

Su padre Enrique fue también un destacado pimponista.

En una entrevista al diario El Tarapacá dice:

Al intervenir por primera vez en una competencia en Santiago, francamente que pasé inadvertida, pero eso fue hasta que duró el partido frente a mi primera rival. Le confieso que esa noche jugué con toda mi alma recordando a mi club y a mi Iquique y gané. El Tarapacá. 4 de Diciembre de 1957.

Gladys Grant fue vice-campeona sudamericana en ping-pong. En un emotivo partido la rubia Grant, en Buenos Aires cae derrotada por la brasileña Nakina de Oliveira Cruz. Junto a su hermana Berna y a Gladys Pastene fueron seleccionada de Chile. Esta última nació cerca del Hospital, y en las esquinas de Serrano con 12 de Febrero crearon un club el Colo-Colo. Allí fue descubierta por Liborio Ramos, quién al ver a la «zurda» se la llevó al Remache. El año 57 fue campeona de Tarapacá. En Paraguay se coronó vice-campeona sud-americana. En ese mismo torneo Berna Grant fue campeona sud-americana.

Un caso ejemplar

Gladys Grant

1937

Bien dicen que el hábito no hace al monje. Porque resulta casi increíble palpar que dentro de un cuerpo diminuto y de una contextura frágil, cual tímida flor primaveral, pueda esconderse una campeona tan grande como Gladys Grant Anacona, la joven pimponista iquiqueña que en cortos años ha conquistado la capital a punta de remaches sobre la mesa verde.

Apenas veinte primavera y ya su delicada frente ciñe, sin falso orgullo, la triple corona de subcampeona sudamericana de tenis de mesa. La cosmopolita ciudad bonaerense fue testigo, hace tiempo, de su calidad sin límites, de su estoicismo sin igual, de su amor combativo y de sus deseos inmensos de alcanzar laureles para su querida patria.

Subcampeona sudamericana en singles, en dobles y en equipo, tal es el resumen de la campaña pimponística en Buenos Aires. Bien puedo haberse clasificado como la jugadora número uno del continente, pero la verdad es que a la muchacha iquiqueña le faltó en suerte lo que tuvo en calidad.

En plana competencia la aquejó una rebelde lesión al brazo derecho, impidiéndola desarrollar su total capacidad; por eso, Gladys Grant al volver a suelo nacional lo hizo con resignación, aunque no ha podido ocultar que un dejo de amargura empaña su alma juvenil.

Porque Gladys, en la dulce ilusión de sus veinte años, soñó muchas veces que e cetro del pimpón sudamericano la estaba esperando en la ciudad besada por el Plata; es más aún, la joven iquiqueña deseaba como supremo anhelo, la obtención del título continental, pues quería ella depositarlo simbólicamente en el altar de sus queridísimos padres, en señal de cariño y de gratitud. Explicable es entonces la tristeza de la joven campeona chilena.

Pero la bruma del pesar ha de ser importante para borrar un hecho grande y significativo para el futuro de la juvenil pimponista chilena. La noche en que Gladys Grant cayó ante la brasileña Nakma de Oliveira Cruz, en el match final, cayó como verdadera heroína del deporte, luchando palmo a palmo, con abnegación, valor y sufrimiento, porque esa noche, el dolor físico pudo más que su inmensa calidad.

Y dicen quienes estuvieron en el torneo de Buenos Aires, que Gladis, junto con perder el último punto del último set, ganó para siempre el aprecio sincero y la admiración espontánea de la afición bonaerense. La más estruendosa ovación rubricó la brillante presentación de las dos estrellas del pimpón sudamericano, en el soberbio gimnasio de la Confederación Argentina de Deportes.

Varios maestros ha tenido Gladys a través de sus nueve años en el pimpón, desde aquella vez que, aún no bien cumplidos los once, obtuvo su primer campeonato provincial en la ciudad de Iquique. Era un profesor de entonces su padre, don Enrique Grant, suboficial de Ejército, que dirigía el club Eleuterio Ramírez. Durante cinco años, la pequeña muchacha iquiqueña, supo solamente de resonantes victorias, y como impresionante record tiene el de no haber siquiera un set. Y una vez, venció a una adversaria por la cuenta de 21/1 y 21/2.

Defendió más tarde los colores del Olimpo, con éxito singular; vistió luego la vistosa casaquilla del Blindado, para empuñar la paleta, enseguida del más famosos de los clubes pimponísticos iquiqueños, el Remache. Fue allí precisamente, en donde tuvo al gran maestro Liborio Ramos, pimponista imbatible y maestro ejemplar.

Dos campeonatos nacionales han visto el vibrante accionar de la pimponista iquiqueña, el de Rancagua, en 1951, y el de Puerto Montt, en 1955. En este último arrasó con los títulos en singles, en dobles y en equipo. Entretanto, en el campo internacional, sus primeros remaches se han hecho sentir en el S.A, de Montevideo y en el reciente de Buenos Aires.

Aunque la campaña del torneo sudamericano de Buenos Aires está aun muy fresca en la memoria de los aficionados, al reseñamos aquí con vista a la historia del pimpón nacional. Gladys doblegó, primero, a la brasileña Hiroko Takanati, por 3 contra 1; a la peruanita Moriyana, en un solo set, y a la simpática Edith D’Avila, promesa brasileña, por la cuenta de 3 a 0. Llegó así Gladys Grant al match final, para caer ante Nakma Cruz, gran jugadora del Brasil. Ganó la pimponista iquiqueña el set inicial por 21/10, pero perdió los siguientes por 21/17, 21/12 y 23/21.

El duelo pimponístico de estas dos estrellas sudamericanas está aún sin definirse, pues en la actuación por equipo Gladys ganó a Nakma Cruz por 2 sets contra 1. Entró la chilena perdiendo el set primero por 21/14, para imponerse en los dos siguientes por 23/21 y 21/10.

Y antes, en nuestra capital, e octubre de 1956, la chilena venció en dos ocasiones a la campeona brasileña. Son ellas, dos grandes rivales, pero por encima de todo, son ellas grandes amigas, dos deportistas de ley, nobles, leales, amables y cordiales, como corresponde a dos auténticas campeonas. Chile y Brasil, se enorgullecen por igual.

Y tal vez mañana, cuando el tibio sol matinal disipe las brumas, cuando suerte y calidad marchen unidas junto a la nueva campeona del pimpón chileno, Gladys Grant cumplirá su sueño, llevando el cetro continental al sublime altar de sus queridísimos padres. Será el mejor premio para su vida ejemplar.

Carlos Barahona

Revista Barrabases.

Año III. Nº 56.

Santiago, 12 de junio de 1957

 

 

 

 

 

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