El viernes 3 de agosto el teatro Municipal tuvo una de sus galas más extraordinarias. La Orquesta Vivaldi,  que dirige el Maestro Jorge Andaur,  del American College, dio muestra de una madurez musical que delata la importancia que este colegio le otorga a esta manifestación artística. Los adolescentes  interpretaron magistralmente  piezas de jazz y del folklore latinoamericano. Desde hace tiempo que el American viene apostando por la cultura y por los jóvenes. El público gozaba aunque la angustia lo tensaba. Es bien sabido que sobre este colegio pesan problemas económicos. Un poco de historia a ver si podemos seguir ayudando a la música y al teatro, a la literatura y a la economía regional.

El diario El Tarapacá en el año 1964 anunciaba la apertura de matrículas de un nuevo colegio. Acompaña una fotografía de Ronald Pizarro en la que se puede apreciar el nuevo establecimiento. Es la vieja casa de la calle Zegers frente a la plaza Brasil. Su dueña, una descendiente croata del linaje de los Peric, cuyo nombre de pila es Amanda.

Resalto esta noticia por varias razones. Una de ella tiene que ver con lo difícil que era la vida en el Iquique de ese entonces, y la otra con la existencia de un espíritu emprendedor netamente regionalista. La historia económica y social del Puerto Mayor, está llena de hechos que demuestran lo contrario. Estamos en presencia de un grupo de migrantes que echó raíces y supo soportar el ocaso tal como lo dijera Santiago Polanco Nuño en el Himno a Iquique de los años 60.

Resulta claro que Iquique no siempre se benefició de la riqueza del salitre. Muchos de los excedentes que éste produjo,  se gastaron en forma ostentosa o bien se invirtieron en Santiago o en Londres. De allí que resulte gratificante ver como en esta zona se desarrolló un empresariado regional, asociado directa o indirectamente, a las colonias extranjeras, que desoyó uno de los credos fundamentales del capitalismo: tener corazón apátrida. Baste ver las páginas amarillas para encontrar el ejemplo de los españoles, croatas e italianos, por sólo citar a los más representativos.

Invertir en época de crisis, tal como lo hizo doña Amanda,  en ese Iquique que cancelaba definitivamente  el sueño de la fábrica de cenizas de  soda y que veía en el uranio y el turismo su verdadera palanca de desarrollo, fue un acto de fe,  a una ciudad que había transitado del auge salitrero a la peor de sus crisis.

Hoy por hoy,  los iquiqueños vivimos  la misma crisis,  formamos Comando de Defensa, pedimos Ley Iquique, amenazamos con banderas negras, la historia  parece girar sobre si misma.

El colegio formado en 1964, y que hoy ostenta una nueva infraestructura, tal vez la más moderna de la ciudad, vive algunas zozobras. El empresariado regional vinculado históricamente a la educación,  merece un gesto de parte de la banca privada.  Este es el mío. Esperamos el suyo amigo lector.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 12 de agosto de 2001. A-11

 

 

 

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