Una buena columna de Osvaldo Guerra, publicada en El Tarapacá, el año 1958

 

Un año, un mes, empiezan a caer una a una las hojas del calendario, se van los días numerosos de diciembre, mañanas cambiantes de clima y movilización general de liceanos y primarios. Soñar no cuesta nada y todos sueñan con los mejores exámenes.

Actividad escolar que empieza con madrugones desagradables, se vislumbran notas apenas regulares. Esta primavera no trajo nervios para nuestros estudiantes, no hubo disfraces encendidos de algarabía juvenil ni bulliciosas carcajadas por nuestras calles. Mejor que mejor entonces el entusiasmo escolar se ha volcado en estos estudios postrimeros. Vienen los temidos exámenes, gesto a gusto de profesores graves.

Se estudia bastante a lo largo de la avenida ribereña, pero se “pololea” bastante también. En una de estas mañanas alguien dice en el Camino estas palabras: “amores de estudiantes, luego pasaran”… empieza recién a despertar el corazón; y después de todos ellos, los estudiantes están en su línea, porque quince a dieciocho años se tienen una sola vez en la vida. Hemos encontrado en estos días, grupos compactos de ambos sexos, leyendo los textos de estudio. Van y vienen por la avenida, algunos tomados de la mano… de repente de un grupo surge en labios imberbes un cigarrillo, mientras en una “boquita muy mona” se ven juguetear globitos de “chicles”.

Y pasan los estudiantes, el paseo hacia Cavancha es el refugio sentimental de ellos y también de quienes ya dejaron de estudiar. Van a repasar los recuerdos idos…

Mes de diciembre. Ventana del tiempo que se va y trae a todos preocupaciones, ajetreos comerciales, vencimientos bancarios y esperanzas frustradas. Días tórridos del sofocante verano nuestro, elevación de humos en el desierto salitrero que va hasta el infinito azul como mensaje de trabajo, noches plenamente estrelladas que reemplazan a los crepúsculos dorados que dejo el cenit el sol con sus destellos de oro.

Los nichos ya están esperando la noche buena se aproxima, el festín pascual con juguetes, golosinas y el pan fragante de pascua.

Se van borrando los días unos a unos. Las fechas se desdibujan como las horas de los árboles, que caen al suelo en otoño, simulando mariposas muertas. Y llegara la última noche de este mes de diciembre, con muchas esperanzas para todos ¿Y quien no espera algo del tiempo cuando suenan doce campanas? Grandes y chicos, miran ilusionados la llegada del nuevo año.

Y para terminar este comentario, no resistimos el deseo de contar a los lectores una anécdota que, aunque muy distante de la fecha actual, tiene relación con estudios y con fin de año; y es esto; se presentó una vez a rendir exámenes para abogado don Alfredo Irrázabal Zañartu.

Uno de sus examinadores, era nada menos que el severo hombre de derecho, don Luís Claro Solar, quien entre otras preguntas, le hizo esta a don Alfredo:

_Dígame, señor Irrázabal, ¿Qué es el matrimonio?

Y don Alfredo, con mucha frescura, le respondió así:

“El matrimonio es un contrato real que se perfecciona con la entrega de la “prenda”…fue una salida genial, pero le costo “tres negras” en código civil y no se recibió de abogado.

Don Alfredo Irrázabal fue brillante parlamentario chileno que actuó en la política por más de 25 años. Después ingresó a la diplomacia y fue ministro de Chile en Japón, Alemania y Brasil.

 

Osvaldo Guerra.

El Tarapacá

23 de Diciembre 1958, página 5

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