Del gran repertorio de oficios artesanales existentes cuando en Iquique nos conocíamos todos, o al menos eso creíamos, el de la costurera tenía un brillo propio. No necesitaba rut, local y menos pagar patente. La palabra PYME no existía ni falta que hacía. Digo costurera y no modista.

Sus medios de producción básicos era la máquina de coser, un espejo, tijeras, dedales, huincha de medir, agujas y alfileres, tiza para marcar, hilo de todos los colores y en lo posible fotos de mujeres bien vestidas generalmente extraídas de la revista «Ecran». La revista «Para ti» inspiraba a las costureras, era una publicación en blanco y negro. En una esquina del living, se usaba para tomar las medidas y luego la prueba. Una modesta cortina garantizaba la privacidad de los cuerpos a ornamentar.

Este oficio no era posible sin la máquina de coser. Recuerdo una de estricto color negro marca Remington. Sobria y delgada. Abajo un gran pedal que hacía posible, gracias a los movimientos de los pies, que se accionara para que ocurriera el milagro de la costura. Era nuestra primera revolución industrial que acontecía en casa y que convivía con el fuego para hervir la ropa. Luego apareció la Singer de un color parecido al pino oregón. Pero algunas traían un pequeño motor eléctrico, segunda revolución industrial. Lo singular de la Singer, era los dos cajones y en el medio una gaveta que se abría como quien abre en los aviones los compartimentos arriba de los asientos.

Abrir esos cajones y esa gaveta era encontrarse con las minas del rey Salomón: botones, dedales e hilos cuyos coloridos eran nuestros arcos iris. Rememoro con ingenuidad esos años, pero no hay que olvidar que tras ese oficio había una mujer que le quitaba horas al sueño para entregar vestidos, y hacer que la economía familiar diera para que yo escriba ahora. Tengo la imagen de doña Haydée, cansada tratando de enhebrar la aguja a esa hora en que dormíamos arrullados por el sonido de la máquina que transformaba, gracias a Mamá, que hace cuatro años nos dejó, una tela en un hermoso vestido.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 5 de enero de 2019, página 13

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