Hernán Cortez Heredia

1917-1993

1963 es reconocido en Iquique como el mejor periodista deportivo

1977 se le entrega el Premio Nacional de Periodismo Deportivo

Con la muerte de Hernán Cortez Heredia culmina, en el mundo del periodismo local, la extraordinaria saga de la Tierra de Campeones. Fallecidos Carlos Guerrero “Don Pampa”, Germán Recabarren y Raúl Duarte, entre otros, las hazañas del pasado dormirán su sueño injusto. Ya no hay “Páginas del Recuerdos” ni nada que se le parezca.

Hernán Cortez Heredia, don Hernán, me enseñó lo mucho que sabía: amar nuestra historia deportiva. Con él, cotejé nombres y apellidos. Me corrigió lugares y epopeyas. Su discurso a propósito de la inauguración de la muestra fotográfica Tierra de Campeones, fue un ejercicio de lucidez y de pasión.

Hecohe fue quien mejor cronicó la historia deportiva del Puerto Mayor. Recitaba las jugadas y se llenaba de emoción cuando hablaba del “team” campeón nacional de básquetbol  en la década de los 40. Los nombres de Wood, Ledezma, Bontá, Salinas, Chiang los pronunciaba con un respeto digno de imitar.

A la hora del balance, la figura de Hecohe, queda grabada en sus programas deportivo cuando la radio local comentaba nuestros fracasos y nuestras hazañas. Cuando del Iquitados se iba a la Sipt. Tiempos en que el “Mono” Sola volaba como ninguno. Época en que la astucia de Enrique Silva le permitía colarse en el área chica, para de ahí inflar las redes con sus zapatos con puentes. A  orilla de la cancha Hernán Cortez Heredia registraba la historia mayor.

Me imagino sus archivos llenos de historia. Me imagino su muerte con sabor a sueño inconcluso. Su último sueño de adolescente -pese a sus 82 años- fue la de contar un Museo del Deporte. Sufrió por ello. Sobre todo por la insensibilidad de las autoridades que nunca supieron entender ese proyecto. Incomprensible me decía don Hernán, que una ciudad que quiere tener turismo no cuente con un Museo del Deporte. Increíble decimos todos. Sin embargo, nadie ni usted ni yo -Señor Alcalde, Señor Gobernador, Señor Intendente- hicieron algo para materializar ese sueño colectivo que Hecohe amasó en sus últimos años. Por ahí en una bodega municipal deben vagar -canapé para las polillas- los estandartes con la que paseamos nuestros colores por las cancha de todo Chile; por ahí los guantes con la que Marino Castro se enfrentó con el Tani;  por ahí el diploma de goleador que recibió Pedro González; las copas con la que cubrimos ese inmenso estante que se llama cielo. En fin. No una calle merece su nombre. El Museo del Deporte debería llamarse Hernán Cortez Heredia. Desde ese entonces podemos decir descansa en paz.

Raúl Duarte Rivera

1917- 1996

Firmaba como Radur, a la vieja usanza de los cronistas de la revista Estadio.  Trabajó como ninguno en la conservación y difusión del patrimonio deportivo de la Tierra de Campeones.

A él se le debe la expresión “por las polvorientas canchas” aludiendo a nuestros recintos deportivos, caracterizado por la ausencia de césped.  En “El Tarapacá”, “Cavancha”, nuestros viejos diarios, hay constancia de la pasión que Duarte sentía por el deporte. En “La Estrella de Iquique”  nos legó “Las figuras del recuerdo”.  Una página entera en que nos actualizaba el porqué fuimos conocidos como Tierra de Campeones. Esta página web, se nutre de la memoria de don Raúl.

También usó la radio para divulgar nuestro campeonismo.  En lo deportivo, no escondió nunca su amor por el “Unión Morro”. Fue su entrenador de básquetbol.

Con Raúl Duarte Rivera, estábamos seguros que la actividad deportiva amateur tenía un lugar asegurado en  la prensa. Se le echa de menos.

Carlos Guerrero Guerrero

“Don Pampa”

1903- 1995

La Tierra de Campeones, la construyeron, sin duda,  los cientos de boxeadores, futbolistas, básquetbolistas, nadadores, atletas, pingponistas, y todos aquellos y aquellas que en otras disciplinas llevaban en su pecho las siete letras del puerto. Los que sembraron esas semillas fueron, los anónimos dirigentes. Y los que la  divulgaron fueron los cronistas y los periodistas deportivos.  De ellos, hay uno, que el olvido y la falta de gratitud -dos males iquiqueños- merece estar en un lugar privilegiado de la memoria. Es Carlos Guerrero Guerrero, quien firmaba bajo el seudónimo de “Pitazo” y de  “Don Pampa”.

Nació en Iquique el 4 de noviembre de 1903, cuando  Iquique y la pampa, no se podían entender sin la industria del salitre. Sus primeros escritos aparecieron en una publicación de una oficina salitrera.  “Sufra y Aguante” se llamaba.  Escribió además en El Tarapacá. Lo demás es historia conocida,  producto de la crisis se fue a Santiago. Allí trabajó en “Las Ultimas Noticias”.

Es, sin embargo, en la revista Estadio, donde Carlos Guerrero, desarrolla buena parte de  su carrera. Y lo hace, además en la mejor época del deporte iquiqueño, aquella que va de los años 40 a los 60 (El Tani es de los años 20, y pertenece a la primera gran generación de deportistas nortinos: Santiago Mosca, Bahamonde, Avilés y muchos otros). A él, se le debe la promoción de estos hombres y mujeres que conquistaron Santiago y el continente. Sus entrevistas al “Indio” Ledesma, a Lalo Cordero; sus crónicas al Tani, a Godoy,  a Buccione, entre otros, son para coleccionar.

A él se le debe la crónica “Un gol en cada pie” (18 de noviembre de 1947),  dedicado al gran y olvidado número 9 iquiqueño, Moisés Avilés.  Escribe: “En Iquique hay un barrio alto, cerca de los cerros vecinos con el del Matadero. Por allá corrieron de chiquillos  campeones que iban a dar prestigio al deporte chileno: El Tani, Bahamondes y Rendich”. Sobre este delantero del Independencia de Iquique, del Audax, don Pampa dijo: “El fútbol lo paseó por las tres Américas, le concedió su gran anhelo, acariciado en las tardes  cuando veía desde el enrocado de Cavancha perderse los barcos en el horizonte y dejar escrito su último adiós en una estela de humo”. Parafraseando a Amando Nervo, “Don Pampa”  puso en boca de  Avilés: “Fútbol, estamos en paz”.

Carlos Guerrero, fue  Premio Nacional de Periodismo Deportivo, galardón que años más tarde obtendría el otro iquiqueño Hernán Cortés Heredia. Murió el 13 de septiembre de 1995. Un matutino metropolitano deja en claro la deuda que este hombre no pudo saldar: “Cuando tenía 17 años, pensaba que se envejecía a los 40 y que para esa edad iba a escribir una novela. Ya pasé los 90 y todavía no cumplo ese propósito. Pero todavía me siento de 17″. Esa era su forma de ver la vida. Y eso lo hizo recorrer el siglo con la mente lúcida y las energías intactas hasta el último día.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 29 de junio de 2003

Falleció “Don Pampa”

El destacado profesional Carlos Guerrero fue fundador del Círculo de Periodistas Deportivos de Chile.

El periodismo deportivo chileno perdió una de sus plumas maestras: Carlos Guerrero Guerrero, “Don Pampa” (13-9-95).

Cuando faltaban dos meses para cumplir los 93 años de edad, su corazón se detuvo para siempre cuando se dirigía al hospital de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) para someterse a unos exámenes.

Nació en Iquique el 4 de noviembre de 1903, cuando el salitre era oro. Escribió sus primera líneas en el periódico “Sufra y Aguante”, informativo interno de una firma inglesa. “Fue entonces cuando le tomé el sabor a la pluma”, confesó hace poco “Don Pampa”, quien era casado con María Sepúlveda y tenía tres hijos (Hernán, Verónica y Javier).

Tras escribir en El Diario de Tarapacá viajó a la capital en busca de nuevos horizontes. “El director de “Las Ultimas Noticias”, Julio César Saldaño, me envió a un torneo atlético de los Colegios Alemanes y me dijo que si la nota era publicada, estaba contratado. Al día siguiente fui el primero en comprar el diario y me quedé por 33 años trabajando”, dice en uno de sus relatos quien también fue columnista del Diario “La Tercera”.

“Don Pampa”, seudónimo que él mismo se puso, se desempeñaba en la Dirección General de Deportes y Recreación (Digeder).

Premio Nacional de Periodismo Deportivo, el desaparecido profesional tuvo una dilatada y brillante trayectoria.

Su pluma se distinguió nítidamente en la prestigiosa revista “Estadio”, con la firma de “Pitazo” y “Don Pampa”. Allí compartió con una generación de grandes periodistas como Alberto Buccicardi, Renato González, Antonino Vera y Julio Martínez, entre otros.

“Cuando tenía 17 años, pensaba que se envejecía a los 40 y que para esa edad iba a escribir una novela. Ya pasé los 90 y todavía no cumplo ese propósito. Pero todavía me siento de 17″. Esa era su forma de ver la vida. Y eso lo hizo recorrer el siglo con la mente lúcida y las energías intactas hasta el último día.

Publicado en “La Tercera” el 14 de septiembre de 1995

Ricardo Ignacio Villalba Aguilar

2 de febrero de 1945
7 de abril de 2007

El paisaje futbolero de este gran campo de juego que alguna vez fue Iquique, tiene una ausencia difícil de pasar por el cedazo del olvido. Ricardo Villalba se nos fue como se nos han ido tantos. Su enjuta figura y sus bromas a granel ya no nos acompañaran. No lo conocí mucho, pero sabía de sus virtudes. De sus defectos nadie me habló. Lo conocí allá por la década de los 90 cuando se ofreció, vía Adrián Rivas, a conducir el lanzamiento de un libro que narraba las glorias deportivas de una ciudad que no se puede entender sin el deporte.

Lo demás puede ser historia conocida. Ya sea por la calle Tarapacá, o bien en el complejo deportivo, con su grabadora en mano, preguntaba por esa pasión que se llama fútbol. El Unión Pueblo Nuevo, el equipo del back central Santiago Salfate, se le clavó en el corazón. Ya lo sabemos: podemos cambiarlo todo, menos de club. Y Villalba entendió como muchos que ese mandamiento ordena la vida de aquellos que con pelota de trapo o vejiga de res, tratan de animar las tardes de ese Iquique tranquilo que sólo “El Familia” alegraba con sus melodías arrancadas de un cacho de toro. Siempre hay club de base en la que las lealtades y las complicidades se forman, y nunca más se olvidan. Me temo que el Unión Pueblo Nuevo, animador de tantas épicas deportivas, no dimensiona aún, lo que ha perdido.

Su vocación de arquero debió posponerla. Quizá su sueño pudo haber sido el emular las voladas de esos viejos arqueros suicidas como Julio Vernal, Zuzulich, o nuestro eterno   “Mono” Sola. Un aviso del cuerpo lo hizo abandonar esa vida intensa que se desarrolla bajo los tres palos. El flaco Villalba con envidia habría escuchado la frase de Matildo Ubaldo Fillol: “en el arco fui feliz”. Pero como buen iquiqueño hubiera preferido la sobriedad de Manuel Astorga  a las excentricidades del loco Gatti. Ya los sabemos en el planeta fútbol, los arqueros son de otra galaxia.

Para los iquiqueños, en el amplio sentido de la palabra, el fútbol sigue siendo esa arena donde todos nos encontramos. Esa gran familia que órbita en torno a esa práctica y que tanta identidad nos ha entregado, tiene la bandera a media asta. Un enorme crespón negro, como las banderas que los viejos iquiqueños enarbolaban en los años 50, debería cubrir el asta más grande de los corazones de aquellos que re-actualizan sus virtudes cada fin de semana en el cancha del “hoyo”, o sea, en el Hernán Villanueva.

Ese gran campo de juego, de tierra, que alguna fue vez esta ciudad, ciudad limpia eso si, y que cada día la perdemos un poco, con la ida del flaco Villalba un gustillo a derrota se nos pasea por la boca. La muerte es una derrota, pero no es la última palabra. El olvido si lo es. Por eso que estas muertes duelen, porque se nos van iquiqueños irreductibles, porque nos dejan los imprescindibles.

Un nuevo barrio iquiqueño se empieza a poblar. Es el Cementerio 3 y que afortunadamente, para Ricardo,  está cerca de Pueblo Nuevo, próximo a  esas canchas de tierra en la que se forjaron hombres como Moisés Avilés, Víctor Hugo Sarabia y tantos otros como ese inolvidable equipo de baby fútbol que en la Plaza Arica embelleció las noches del verano: Los Intocables.

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