Juan Díaz

 

24 de junio de 1935

15 de junio de 2020

 

Fue un boxeador estilista por donde se le mirara. A diferencias de otros iquiqueños que van a la pela franca, Juan Díaz siempre esperó al rival, lo burlaba con sus finos movimientos.  En Iquique peleó por el Manuel Sánchez. Representó a Iquique y también a la Aviación. Sus amigos le decían «Chucheta».

Hizo su debut en el Caupolicán en el Nacional de 1947. El año 1954 le ganó a Alfredo Ortúzar. Era boxeador de golpes largos, estilista al decir de Pancho Alsina, de poca garra. Fue liviano y pluma y en este último peso fue campeón de Chile en el Nacional de Chuquicamata.  También estuvo en las olimpiadas de  Roma, cuyo viaje  fue posible ganándole,  a otro grande de Iquique, a Mario Gárate.

Se llama simplemente Juan Díaz, pero a falta de del otro nombre y del otro apellido, sus amigos lo bautizaron como “Chucheta”.

Guillermo Verdugo

Nombre completo: Guillermo Bernardino Verdugo Yáñez

El Sapo Verdugo, le decían sus amigos

Seleccionado chileno de básquetbol.

Estuvo en las olimpiadas en Londres el año 1948.

Se formó en la Academia de Educación Física.

Estudió Odontología

Jugó por la Universidad de Chile

Arnaldo Maiocchi Clementi

 

Nacido en Iquique

Estatura: 1.81

Formado en la Academia de Educación Física

En Santiago juega por la Universidad Católica

Seleccionado chileno bajo la dirección de Kenneth Davidson, en la década de los años 40.

Características: «Hay que dribblear y fintear como Maiocchi».

 

Se cuenta que su padre tenía un hotel en las esquinas de Lynch con Riquelme, una casona de madera, que hoy está ocupada por un establecimiento educacional.

La revista Estadio escribió:

TIENE LA FINTA Y EL DRIBLING DEL GRINGO

En cualquier cancha nacional o extranjera Maiocchi dejará la impresión de que es jugador de basquetbol, porque es jugador tipo técnico. Puede pararse bien, afirmarse en sus pies con las rodillas en semiflexión, suave y fácil para cualquier movimiento. De nuestros basquetbolistas de cartel son pocos los que saben ponerse en firme y ágil contacto con el suelo. Alto, espigado, de un metro 81 es uno de los valores de la nueva generación de técnica más adelantada, de los muchachos más cultivados para el básquetbol hecho destreza, habilidad, armonía y acción cerebral. Sin duda, el mejor alumno de Kenneth Davidson, y uno de los que fueron al Campeonato Sudamericano de Lima que no perdieron el viaje; abrió bien los ojos allá y desde su regreso fue acusando progresos notorios hasta colocarse en la fila de los buenos de ley.

Todo el inundo lo siente y lo dice: «¡Qué lástima que Davidson haya tenido que irse. Era imprescindible su permanencia, en Chile, por lo menos un año más. Dejó a sus muchachos en el medio del camino». Mucho se adelantó con los valiosos conocimientos que sembró por donde anduvo y por donde jugó, mas la lección quedó trunca, y ahí está nuestro básquetbol, en «panne» y con riesgo grande por delante: sin la mirada atenta que corrige y observa, muchas jugadas y movimientos básicos irán degenerando y malográndose. Ya se han notado bajas visibles entre sus- alumnos. Maiocchi no está entre éstos: junto con él hay varios felizmente, que siguen manteniendo la esencia de la escuela «davidsoniana» y prestigiando al maestro.

Que el «coach» norteamericano ha sido el mejor difusor de la buena técnica que ha pasado por esta tierra, es verdad más grande que el San Cristóbal. Están para probarlo veinte o treinta jugadores jóvenes que recibieron en forma directa su ejemplo y su influencia. Ellos están encargados de lucir el mejor nivel técnico del básquetbol santiaguino, pese a. que, por diversas circunstancias, la mayoría de los teams locales atraviesan por un momento poco convincente; pero quienes son sus portaestandartes siempre, en la cancha, sobresalen e impresionan por la jerarquía de su juego y es fácil individualizarlos. Son conocidos los alumnos de Davidson, forman la «crema», y no será problema, en cualquier instante, formar la selección de Santiago (debía la Asociación preocuparse ya seriamente de este asunto si no desea seguir sufriendo fracasos en los campeonatos nacionales). Mahanna, Maiocchi, Moreno, Iglesias, Mosqueira, Niada, Molinari, Monti, Valenzuela y Sánchez, tendrán que ser llamados junto a Kapstein, Hernández y Ziomi, seguramente.

En este grupo selecto, Arnaldo Maiocchi Clementi marca un paso adelante por la bondad de su técnica. Sabe manejar una pelota con el juego conveniente de muñecas y es diestro en las fintas y en el dribbling bajo a un costado, que es el que deberían dominar todos los jugadores. Lo he dicho en otras ocasiones: «Maiocchi hace recordar a Davidson», y éste es el mejor elogio que pueden recibir los que buscan en el rectángulo de madera satisfacciones para sus anhelos v pretensiones. Con su técnica de indiscutible factura tiene un prestigio y popularidad bien obtenidos: los entrenadores les dicen a sus muchachos: «hay que dribblear y fintear como Maiocchi».

Coronel

Estadio Nº 41, 9 de abril de 1949

 

Juan Avilio Zitko Carmona

 

2 de enero de 1932

Nacido en la pampa salitrera de Iquique.

Se formó como básquetbolista en la Academia de Educación Física.

Estatura: 1.84

Jugó en el Mundial de Brasil el año 1954

Jugó en el Mundial de Chile, el año 1959. Nuestro país ocupó el tercer lugar.

Defendió en Santiago, los colores de la Universidad Católica.

Don Pampa escribió: «Es rebotero, elástico y tenaz».

Escribe Don Pampa
SENTIDO DE EQUIPO

El básquetbol es deporte que tiene cien caras. Virtualmente cada equipo crea una manera de jugarlo, pues si bien hay diagramas, posiciones y circulaciones clásicas, cada entrenador hace las variaciones que estima convenientes, o éstas se imponen por las características de los hombres que actúan. Tanto es así, que la fórmula ideal de este juego asociado se diluye un poco o bastante, si son descollantes las expediciones de uno o dos hombres de condiciones extraordinarias. Se termina por jugar para ellos; si son decisivos, si ellos embocan casi todo, toman el gran porcentaje de los rebotes o si como motor zigzagueante recorren la cancha para estar en todas las bases, hacer los pivotes, rematar o penetrar. El astro impondrá la personalidad del equipo. Hay cuadros que actúan a base de la calidad individual de sus valores, y, entonces, no hay básquetbol de conjunto, sino que todo procede acorde con la inspiración de cada cual, que cumple el mínimum en la formación de defensa y de ataque para salirse y hacer la suya. Se les permite, porque son astros connotados que ejecutan con calidad y rinden siempre. Es lo que sucede con los cuadros de USA en los torneos mundiales y olímpicos; nadie queda impresionado por Ja faena de equipo, sino por el desempeño de sus astros, por su estatura, fundamentos y producción en los cestos. Y les basta para ganar con la calidad individual. Se dice y se sabe que los seleccionados norteamericanos salen sin entrenamiento de equipo, y la mayoría de sus elementos, que proceden de diferentes ciudades, se conocen sólo en el avión.

Tal procedimiento no es el ideal. A medida que vayan creciendo los rivales, USA se verá obligada a preparar sus cuadros y a darles el ensamble capaz y- propio de sus elementos. El basquetbol es hermoso en su espíritu como juego asociado. Hemos visto a públicos de Europa y América, en diversas latitudes, y con gentes de diferentes temperamentos e idiomas, levantarse frenéticos cuando el doble se produce luego de una organización colectiva. De un rebote tomado, para seguir un pase, un giro, de un corte, y en cada toque a la pelota, un hombre distinto, que, con velocidad y precisión, deja parada a toda la oposición. Emocionante. Nadie puede reprimir su deseo de proferir un grito y batir palmas. El basquetbol ha ido encontrando su camino y el quinteto de la época es aquél con hombres parejos que circulan, sin que pueda identificarse el puesto en la defensa y en el ataque. Aquél que va y viene con los cinco, que no tiene puesto señalado. Todos marcan, todos golean, van al rebote e indistintamente hacen de pivotes. Me cuentan que Bulgaria tuvo hace dos o tres años un conjunto de ese tipo, con muchachos esbeltos, de metro 95.

JUAN ZITKO CARMONA no tiene mucho mundo internacional. Ha jugado con la camiseta de Chile en dos Sudamericanos: el 53, en Montevideo, y el 58, en Santiago, y en un Mundial: el 54, en Río de Janeiro, pero ha sabido ver bien, porque, desde que entró en una cancha tuvo sentido de colaboración para el juego de conjunto. Sintió que el basquetbol se jugaba de la manera clásica y con esa característica de acuerdo a su psiquis, encontró la mejor probeta de cultivo en los únicos clubes que ha tenido en su vida de niño, en la Academia de Educación Física, de Iquique, y luego en las etapas mayores en la Universidad Católica, de Santiago. Academia y Universidad, como si los nombres reflejaran el espíritu.

Es preciso, gráfico, cuando habla del basquetbol que le entusiasma: ‘El mejor juego que he conocido se lo vi a los chinos en Maracanazinho. Rápidos, elásticos, movedizos, con dribblings cortos y lanzamientos en carreras. Los filipinos también juegan en el mismo tono. Notables los chinos, los lanzamientos con saltos los ejecutan aún estando solos cerca del cesto. El juego de los norteamericanos no tiene gracia, son estáticos y rinden en base a su estatura y buena escuela. Casi sin esfuerzos.»

El básquetbol asociado lo subyuga. No lo entiende de otra manera. Es pieza de equipo y en este plan ha hecho su carrera hasta ser internacional. Desde que hizo los primeros partidos de infantil y juvenil, y a su ingreso a la Universidad Católica para estudiar Ingeniería Comercial. Sergio Molinari fue su director técnico en la serie juvenil, de 16 a 18 años. Todos los días media hora dribleando agachado para adquirir el hábito de la posición clave de todos los movimientos, y después con Kenneth Davidson, una vez que subió a segunda y a primera. Con el maestro norteamericano se imbuyó de la estrategia en la cancha. No pudo encontrar mejor maestro, porque es sabido que Ken Davidson, que marcó una época en la historia de nuestro juego, le dio la característica de su molde ya propio, que algunos combaten, porque lo estiman demasiado sometido a lo técnico. Davidson enseñó el básquetbol asociado y mientras no se pruebe lo contrario con otras fórmulas más rendidoras. habrá que seguir en ese plan. Sobre todo, cuando en las canchas de la larga faja no aparecen astros trascendentes como para cambiarlos a base de dobles y redobles. No hay dos opiniones, los mejores desempeños de Chile en justas internacionales les correspondieron a los seleccionados de Davidson: tercero en el Mundial del 50 en Buenos Aires, y quinto en los Panamericanos del 51, en la misma capital argentina. Hay otras performances inolvidables, de menos resonancia internacional, pero de más satisfacción para el entendido. El cronista está con los que estiman que nunca se vio a un cuadro chileno en grado mejor de calidad técnica que aquel Universidad Católica del año 53, «Música y letra de Kenneth Davidson», que en Santiago empató con los «All Stars», y ganó dos veces al equipo de la Universidad de Yale. Siempre la UC se expidió con galanura ante equipos norteamericanos, y su gente emite una razón: «Los norteamericanos juegan y dejan jugar, no recurren a procedimientos de rivales inferiores, a marcar duro y retener la pelota. Así no puede brotar el básquetbol lindo». Será difícil que se puedan borrar esas actuaciones de la «Ucé», un básquetbol, como se dijo en aquella oportunidad, para verlo de smoking y en el Teatro Municipal». Los chilenos, jugando tanto como los norteamericanos, sin desmerecer en el ritmo y en la técnica.

Juan Zitko formaba en ese cuadro junto a Coca Skoknic, atrás; Raúl Urra, Teuber y Hugo Fernández, adelante. Moreno, Schneider, Etcheberrigaray, Martini y Kovacevic, eran los suplentes. Fue el equipo del 53, y entre los seguidores de la Católica siguen divididas las opiniones sobre cuál fue el mejor de todos los tiempos; el del 49 también tiene muchos votos. Este era aún más vistoso, pero no hay duda que el del 53 había adquirido un ritmo apurado y productivo y con más cohesión de cuadro.

LOS VIVEROS DEL BASQUETBOL nacional están en provincias. Mario Donoso, que, junto con Domingo Sibilla, son santiaguinos, lo decía hace algún tiempo: De la selección chilena que estuvo en el Sudamericano de enero, éramos los dos únicos de la capital, todos los demás comenzaron en provincias. Y el cuadro para el Mundial no tiene muchas variaciones. Del sur son los más, hay ahora mejor basquetbol que en el norte, y se sabe que Temuco es gran productor de valores. En el norte está Iquique, que, venido a menos, siempre tiene representantes en las delegaciones mundiales y olímpicas. Juan Zitko nació en la pampa, en la Oficina Bellavista, y estudió en Iquique, donde se inició en el básquetbol, y un hecho curioso en la selección para este Mundial: está con un conterráneo y con discípulo, compañero de curso en el liceo y de equipo en la Academia de Educación Física: José de la Fuente González. Pudo haber otro más de su misma época, pero que, llamado a la selección, no pudo concurrir: Juan Ostoic. Iquiqueños los tres, habrían llenado de orgullo a la afición nortina. Junto a Max Garafulic y Orlando Silva, de Antofagasta.

26 AÑOS, 75 KILOS Y 1 METRO 84, ya está maduro y se le reconoce como uno de los valores solventes de la selección actual. Le ha costado más que a otros, porque la carrera no le ha sido fácil. Pudo alcanzar antes su consagración sólida; el año 50, siendo juvenil, lució condición. Es hijo de yugoslavo y para probar a la selección chilena que iba al extranjero y que no tenía rivales, se formó un equipo «yugoslavo», con Vladilo, Beovic, Restovic, Skoknic, Kovacevic y Kartulovic. Le tocó marcar a Víctor Mahana, y hostigó tanto al crack, que éste le pidió: «¡Déjame tranquilo, cabro!». Lució ya lo que le ha distinguido hasta ahora: defensa, ágil, tenaz, rápido, de mucho dinamismo y fuelle. Al final del 50 estaba en el equipo de honor de la Católica, y el 51, dicho cuadro, que hacía su última temporada en la Asociación Santiago antes de apartarse, para ser asociación, ganó el título y luego como base de la selección de la capital, conquistó el título de campeón chileno en el torneo de Punta Arenas. Hay recuerdos que no se borran. En ese torneo, Santiago, en razón del «goal average», debía ganarle por 10 puntos a Valparaíso a fin de quedarse con el título, y le ganó por 10 puntos: 40-30.

Juan Zitko ha sacrificado el lucimiento personal imbuido de los auténticos principios del basquetbol.

Es internacional que pudo antes llegar a una consagración definitiva. Sólo este año se constituyó en defensa titular de la selección chilena, actuó en el Sudamericano y ahora entrena para el Mundial. La fotografía recuerda una de las mejores defensas de la UC, junto a Milenko Skoknic. Dos nortinos, hijos de yugoslavos.

El doble de 38 a 40 lo marcó Zitko. Entró Gianoni en una bandeja que se le fue, la pelota cayó al otro lado, y Zitko, que corría, la tomó y adentro.

La Católica no ha tenido suerte en los Nacionales, y pocas veces ha llegado a las ruedas decisivas, por lo que en el panorama nacional, sus hombres poco han podido lucir. En cambio, se ha desquitado en los Nacionales universitarios con triunfos aclamados por su afán de superación para batir a su clásico adversario: Universidad de Chile, que casi siempre en el papel ha presentado conjuntos con hombres de más pergaminos. El 55, Rolando Etchepare no había sido considerado en la selección para el Sudamericano, y vino ese match con la «U», en el cual cumplió un partido extraordinario; este año fue Orlando Etcheberrigaray el que «se robó la película». En todos esos equipos ha estado Juan Zitko, como pina básica, que no luce, porque es obrero que trabaja para los demás. Quienes lo varolizan son los técnicos, sus compañeros y el entrenador. Su sentido de equipo, muy acentuado, lo reduce en el espectáculo. Lanza poco, no busca los dobles que arrancan aplausos, y sólo tira cuando otro no lo puede hacer. Tiene el hábito del pase. Se corta, va hacia el cesto contrario y entrega. Además, casi siempre se queda atrás como llave de paso, es el que obstruye los quiebres contrarios.

CON SU METRO 84 es bravo rebotero, posee agilidad felina como la de Domingo Sibilla, que se encumbra por sobre el resto. Es característico su juego, como pelota de goma rebota en el suelo y «recoge frutas de los árboles”. La altura es ventaja fundamental —comenta—, pero no es decisiva. Con labor de equipo tenaz y veloz se puede contrarrestar el juego de los grandotes. Hay que hostigarlos siempre, la falta de porte se puede compensar con otros recursos. Los gigantes de USA mandan porque no sólo poseen estatura. Pero ya vieron cómo en el Sudamericano último, en Santa Laura, Brasil, que disponía de más porte que Chile, no pudo imponer estatura y ganar por eso”.

Es partidario del juego simple: «Postes, laterales y cruces que producen el hueco y la posición de lanzamiento. Lo demás es cuestión de adiestramiento para la buena ejecución, coordinación y puntería. Creo que la Católica ha logrado triunfos esplendidos sobre la Chile, porque posee más juego de equipo; hay más entendimiento de sus hombres. Etchepare y Etcheberrigaray juegan varias temporadas juntos y existe entre todos el compañerismo que es indispensable en el rendimiento en cancha. Los jugadores deben conocerse psíquicamente sus reacciones y temperamentos y producir la unidad en todos los aspectos. Es cuestión de convivencia social y de condición humana.»

HE CONVERSADO CON ZITKO en el recinto de la Escuela Militar en construcción, y por los pasadizos y patios pasan sus compañeros a tomar once y ya con sus bolsones para ir al entrenamiento. Se está trabajando intensamente a tres semanas del Mundial, mañana y tarde, y opina sobre el cuadro:

—El plantel está más parejo y con la inclusión de Rolando Etchepare, quedará superior a aquél que jugó el Sudamericano en enero. Ahora que es sólo una suposición, porque no ha podido probarse en cancha, dada la falta de rivales temibles. No se conoce la capacidad exacta del equipo, si no se les exige en confrontaciones ante rivales de valer. Nadie sabe, ni nosotros mismos podemos darnos una idea. Falta roce internacional, y es una lástima, porque el beneficio sería positivo en muchos aspectos, para remediar fallas escondidas y reforzar la moral del cuadro. Nada se obtiene en cotejos con equipos de casa, si los altos no tienen problemas; se acostumbran a la comodidad y no se ven exigidos. Todo cambiará cuando deban disputar con hombres de su porte o más altos. No es lo mismo que nosotros atrás, que estamos habituados a luchar contra rivales mayores.

«Mientras tanto, entrenamos con fe, y la impresión es que en el Mundial, con adversarios más fuertes que en el Sudamericano, el desempeño será mejor.

«No hay pretensiones desmedidas, pensamos que Chile no puede clasificarse entre los tres primeros, y nuestra batalla tendrá que darse para ubicarnos en los puestos cuarto o quinto, que serán muy honrosos y acaso hasta un poco alzados para la capacidad de nuestro basquetbol. Es de esperar que podamos superar y rendir por sobre la medida lógica. No se puede aspirar a más, los tiempos han cambiado; antes Chile tuvo oportunidad de colocarse en sitios privilegiados que ahora son difíciles de alcanzar. En anteriores campeonatos, Europa no se había levantado poderosa en el campo basquetbolístico. La tarea se hace cada vez más difícil. Los rivales son temibles, de otras modalidades y temperamentos, y no hay un «metro» para saber hasta dónde vamos a llegar. Por falta de roce internacional. Sabemos que no habrá equipo con tarea más pesada que el nuestro por ser el conjunto de casa sobre el cual recae doble responsabilidad. Debemos, pues, luchar contra la mayor capacidad de los adversarios (lo serán casi todos los que entren a la rueda final); con la inquietud de no habernos cotejado antes de llegar a la rueda decisiva, somos finalistas como dueños de casa; se sabe que la nerviosidad afecta en el debut y luego lo más peligroso: enfrentar a nuestro público, que no es muy magnánimo para el estímulo, si las cosas no salen bien desde el comienzo, como lo desea. Es tarea pesada, pero para eso nos estamos preparando, y sólo esperamos que la suerte nos ayude un poco para que, por lo menos en el marcador, las cifras reflejen lo que hacemos en la cancha. Porque lo grave está, y desmoraliza en los partidos, cuando se juega bien y la pelota se empeña en no entrar; cuando no hay regularidad en el emboque y la puntería no es la lógica. Será lo importante para la suerte de Chile en este Mundial: que se acierte de distancia y de cerca. Que entren tiros.

«Vamos, pues, bien dispuestos, confiados y alegres, como buenos muchachos», declara Juan Zitko, animoso.

DON PAMPA.

La diferencia de físico se puede compensar con el juego de conjunto y la buena preparación, sostiene quien se formó en la escuela de Davidson.

 

Pie de fotografía:

Juan Zitko, formado en la escuela Davidson, ha sido siempre eficiente pieza de equipo. Actuó en el equipo del 53 de la UC, uno de los conjuntos de mejor expedición técnica en canchas chilenas. Se le ve en acción en de Yale. Es reboteador elástico y tenaz.

 

Tomado de Revista Estadio Nº 815. 8 de enero de 1959

 

Godoy for ever

Se cumplen 80 años de la pelea entre Joe Louis y Arturo Godoy. En febrero del año 40, en Nueva York hacía tanto frío como en las noches en la pampa salitrera. Ese febrero en Iquique, caluroso como siempre. La madre de Godoy, doña Vicenta, ansiosa, decide no escuchar la pelea por la radio, y se va al parque Balmaceda a soltar los nervios. Su corazón latía por su hijo arturito, aquel que a los 8 años, tuvo su primer combate en Caleta Buena. Arturo soportó la ira de su madre, tal como ese 9 de febrero soportó los ataques del bombardero de Detroit.

¿Qué le faltó al nuestro para vengar la derrota del Tani?

El Segua, el viejo de apellido Guerrero y de nombre Felipe, me contestó hace años esta pregunta. Don Segua, un viejo chico, una de las tantas biblias del deporte iquiqueño, amigo de Arturo, de risa fácil y de datos que disparaba como si fuese el jovencito de las películas del oeste, de la matiné del cine Coliseo, enhebró tres palabras certeras:

¡La faltó pegada!

Y cierto, lo tuvo en el 8 round a tiro de cañón. Me viene la memoria el poema de Floridor Pérez, la novela de Roberto Castillo y el tango de Pepe Aguirre.

La derrota frente a Joe Louis, convirtió a Godoy en un rock star. Cena con Chaplin, conoce a la Ava Gardner, provocando enfado en Frank Sinatra, se enamora de la Leda Urbanitti, recorre todos Estados Unidos, filma una película: Grandpa goes to town, en cuyo afiche aparece bailando con su hermosa esposa argentina. Viste en forma elegante como vengándose de la pobreza en Caleta Buena y en Iquique. Es que nació pobre y «le tenía un miedo inconcebible a la pobreza».

Así como no se puede responder de forma simple porque los uruguayos son buenos para el fútbol, no se puede hacer lo mismo respecto a la gran producción de deportistas y sobre todo de boxeadores en Iquique.

Las duras condiciones de vida de fines del siglo XIX hasta los años 60 en la costa y en la pampa salitrera, produce un cuerpo vigoroso, batallador, resistente. Un cuerpo proletario que encuentra en el deporte, sobre todo en el fútbol y en el boxeo, una forma lúdica de expresión. Arturito, pese a los 90 kilos y al 1.90 de estatura, sigue siendo llamado arturito, tal como doña Vicenta lo rebautizó. Tuvo muchos sobre nombres, uno de ellos, mapito. La genealología de este apodo viene desde niño cuando contrajo la viruela y sus huellas quedaron marcada como un mapa en su rostro.

No fue solo boxeador, fue un bailarín prolijo que en la pista de baile, se movía con una agilidad que no la tenía sobre el ring. Fue un nadador, y era que no, en su Caleta Buena natal, nadar era un mandamiento, una declaración de fe: Nado, luego existo.

Era fiesta cuando Godoy aparecía por Iquique. El tránsito se detenía, las carretas tiradas por burros, los pocos automóviles hacían lo mismo, los camiones de fletes como el Siete Macho, le saludan con hurras y vivas. Las mujeres, mi madre una de ellas, quedaban sorprendidas por su elegancia y su estatura y sobre todo por el tamaño de sus manos. Un peluquero de la vieja escuela (ahora son estilistas) lo recuerda que ya viejo le cortaba el pelo. Antes le lavaba la cabeza. «Era como peinar a un toro», agrega orgulloso.

El 9 de febrero de 1940 en Iquique no volaba ningún jote, ninguna gaviota y menos los guajaches. Los perros no ladraron y los burros se abstuvieron de rebuznar. Un silencio cómplice se apoderó de la ciudad en crisis y abandonada por el Estado Central. En 12 puntos de la ciudad, la gente se agrupaba para escuchar los relatos que por radio venían del Madinson Square Garden, vía radio Splendid de Buenos Aires.

Ese 9 de febrero fue de nuevo nuestro 21 de mayo. Y otro Arturo daba su vida por la patria.

Una pequeña plaza en Iquique lleva su nombre.

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