Iquique 1896

«En 1896, al referirse a Iquique, un viajero francés, André Bellessort, consigna en su libro La Jeune Amérique: “ Las Calles, muy espaciosas, alcanzan la misma anchura que los bulevares de París, de modo que el fuego no puede comunicarse de un frente a otro. Sus casas, casi todas de madera, tienen aires de coquetería en los mejores barrios. Sus colores frescos halagan los ojos; sus balcones-varandas y sus pequeñas columnatas les dan la apariencia de templos de ópera…”

Escribe Roberto Montandón.

Caliche, la novela

“En San Martín, frente a la Foch, una enorme y abigarrada multitud se alineaba detrás de grandes retratos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Recabarren. La Timona, alta, huesuda, metida en una bata negra, se movía enérgicamente, fumando e impartiendo órdenes (de la novela Caliche de Luis González Zenteno  1954: 176).

Normalistas

Cuando este era otro país, los normalistas, al igual que otros trabajadores se organizaban no sólo en torno a sus demandas salariales o de salud, sino que también en función de mejorar su calidad de vida. Su trabajo no terminaba cuando sonaba la campana, al atardecer.

Fue así como un 11 de septiembre del año 1918, los profesores normalistas de las siete escuelas primarias que habían en la ciudad, decidieron fundar el C.D. Magisterio. Las escuelas 1,2,3,4,5,6, 11 y la 16, se organizaron para practicar fútbol, básquetbol entre otros deportes. Me cuenta don Ubaldo Cabezas Romero, que la cancha del Dolores, ex Salvo, en el Morro, los chutes vestían de corto y mostraban sus habilidades futbolísticas. Destacaron también en el básquetbol y jugaron en las decenas de canchas que había en ese entonces.

Pero no sólo el deporte los congregaba. El folklore jugó un rol de importancia en sus quehaceres. ¿Quién no recuerda las mañanas criollas en la Casa del Deportista? Han cumplido muchos de sus sueños. Uno de ellos tener su sede en el pasaje Juan Portal de la población Magisterio, en la calle Orella, arriba.

Todo lo anterior para enfatizar el espíritu colectivo de los normalistas, que pensaban que su trabajo no se agotaba en el aula, la ciudad era una gran sala de clase. El profesor primario tan bien representado en la canción de Quelentaro, transpiraba vocación y poseía un espíritu colectivo que hoy parece haberse extraviado. Son muchos los “chutes” que engrandecieron a la tierra de campeones y poco el espacio para nombrarlos aquí. Son muchos los que construyeron identidad a través de sus investigaciones en el folklore. ¿Cómo no olvidar la ramada del Magisterio en fiestas patrias?

Los normalistas fueron el producto de un país que ya no existe. Un país que perdió el respeto a los maestros. Chile está en deuda con esos maestros. Los que asistimos a clase con tiza y piso de madera, con lápiz y goma amarrados, no nos cansamos de agradecerle el habernos formados, no solo al encadenar palabras, sino que a pensar en un mejor país.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 16 de septiembre de 2018, página 15.

Racismo y deportes

El racismo encuentra en la práctica de los deportes otra forma de expresión. En la historia de esta actividad, encontramos muchos casos de discriminación por el color de la piel. Cada país, lo ha manejado según su historia. En América latina, Uruguay, en el fútbol ha sido precursor en la integración de población afrodescendiente en sus clubes. No así Argentina y Brasil. A comienzos del siglo XX, Chile se queja contra los uruguayos, porque según los nuestros, los orientales habían puesto en competición a un africano. La base del racismo es la ignorancia.

Con las nuevas migraciones a nuestro país debemos estar atentos y prestos a frenar la xenofobia. Los migrantes cubanos y venezolanos han encontrado tanto el béisbol como en el básquetbol espacios de solidaridad que sirve para tender lazos entre ellos y los locales. Un venezolano Luis Dale, posteó sobre la capacidad que tiene, en este caso el básquetbol para generar encuentros entre gente que no se conoce. El sabe, jugó por La Cruz a los pocos meses de haber llegado a Chile y se le recuerda con mucho cariño.

A Lorenzo Pardo todos le decíamos el Negro Lolo, pero en esa expresión había admiración, cariño y respeto. Pero dar otro tono a esa palabra y vincularla con la homofobia, es un cóctel más que peligroso. Hay palabras que cambian de significado por el simple artificio de la entonación.

Pero hay que estar atentos y reaccionar en forma rápida a cualquier manifestación de racismo, por muy ingenua o picaresca que puede ser.

El baloncesto iquiqueño dará que hablar en los años que vienen, porque ha sabido nutrirse de esta migración de afrodescendientes. Los de La Cruz y otros clubes, lo saben muy bien.

Felizmente en las escuelas públicas, los niños y niñas, en su inocencia, comparten con el recién llegado, juegan en el recreo y comparten saberes y sabores. Lo mismo en los barrios populares. Le falta a la elite pretendidamente blanca y occidental, pero mestiza en el fondo, compartir y enriquecerse en la diversidad. La historia de Tarapacá, es el mejor ejemplo de lo anterior.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 23 de septiembre de 2018, página 15

Membrillo

Se podía ir a la escuela sin estudiar, sin la lección aprendida, sin los palotes en fila, incluso con las uñas sucias, pero sin membrillo jamás. Sin el lápiz de grafito con la goma amarrada que no sólo servía para estudiar, sino que también para defenderse del compañero de al lado, el grandulón que había repetido, por lo menos, tres veces. Pero, pobre de aquel que no llevará un membrillo. Verde o amarillo, con un poco de sal envuelto en una hoja de El Tarapacá. Era el manjar de esas tardes previas a La Tirana.
Llegó de Asia y se reprodujo en la precordillera del Norte Grande. Sin aspavientos, sin glamour, se nos hizo cotidiano. En vez de la manzana de Adán, hay que decir el membrillo de Adán. Hay que reescribir el mito. La infancia olía a grafito, a tiza, a membrillo, a pichanga luego de la campana de la tarde. Duro como la vida en Iquique, el membrillo, es parte de nuestra señal más exquisita de lo que somos. Los membrillos de Miñi-Miñi insuperables. Los de Huatacondo le siguen en jerarquía. Hay una danza andina que se llama el membrillazo. Es usado además en los carnavales como objeto que se lanza en la confrontación ritual entre la mitad de arriba y mitad de abajo.
El Mercado Municipal era su albergue favorito. Por la calle Latorre su presencia se imponía por su humildad. En la antigua feria libre de esa calle con Arturo Fernández, aromatizaba la vida. Tenía además otros usos. Servía para hacer gomina y con ello domesticar las salvajes cabelleras. Fijaba el pelo, lo ordenaba y brillaba como el sol de la pampa. Camino a la escuela (no se llamaban colegios, los públicos) se golpeaba en las paredes de la casas para ablandar su fortacha contextura. De allí la expresión «Más machucado que membrillo de colegial», tal como quedó Godoy luego de la segunda pelea con Joe Louis.
El dulce de membrillo es otra variante de esta polifuncional fruta aclimatada en nuestro territorio. Pero como suele suceder la ignoramos. No somos orgullosos de su humilde presencia en nuestra vida cotidiana. Al igual que la pera de pascua, sabemos de su existencia, pero le bajamos su perfil. Es tan importante el membrillo que cada vez que nos comemos uno, nos cambia la cara.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de junio de 2018 página 15

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