Para Iris Di Caro Castillo

Texto escrito por Guillermo Jorquera Morales

Iris:

“Cuarenta noches bailando

Cuarenta noches cantando

Cuarenta noches soñando

Con una noche de julio…”

Son los bailes de la Tirana, que se preparan en Iquique, Arica, Antofagasta y todo el norte chileno, para pedirle a los campos naturales que los dejen pasar…y cantar a medianoche del 15 julio;    “canta y baila conmigo que la multitud te está esperando…”

Hoy están en silencio… porque están de duelo, les duele tu partida.

En la Oficina Iris, no suena la campana llamando a clases

Los juegos infantiles, ni siquiera se mueven;

Toda la pampa está de duelo

“ y Dios hizo la pampa

Como un poema a la desolación

Para que el sol jugase con el viento

Siendo absolutos dueños del silencio

Y la soberbia soledad”

Y en el altiplano, las parinas, los cactus, y la yareta, que tú convertiste en personajes de La Amada Kuyaskay; también lloran…

Sus lágrimas corren por las quebradas, provocando torrentes, “golpes”, de agua…lloran su pena, ansiosas por llegar al mar…

a juntarse con los peces y mariscos que hoy no están de fiesta, no hay ramadas, el pulpo y la jaiva solo lloran, y la albacora triste solo viste de luto.

En Iquique tu lar, queda tu historia, tus barrios, tus maestras, tus versos, tu “Chiricaco” y el recuerdo de tu potente voz musical, en Icaiza, y en Himnos, como el de la UNAP, que se canta siempre, y el de la Región de Tarapacá.

Hoy tus cenizas, esparcidas en la pampa ya se unen a las almas de los remolinos de viento que eternamente recorren los caminos de nuestra tierra, para que no los olviden…

Pero a ti no te olvidaremos porque eres de esos personajes grandes que mueren…para volver a nacer, eres para el mundo del teatro iquiqueño nuestro Tesoro Humano Vivo.

Guillermo Jorquera Morales.

Hombre de Teatro Iquiqueño

27.3.20

(Los textos entre comillas son de Iris a excepción del Rocío de la Pampa que es de Patricio Flores)

Mara Corona

 

¿Se acuerdan de la Mara Corona? Los recuerdos vienen de esas noches de baloncesto en la Casa del Deportista. Mujeres tras el balón que nos regalaban espectáculos que nos alegraban esas noches de tedio cuando Iquique se inundaba de ese perfume que vomitaban las pesqueras y que aceptábamos con mariana resignación. Jugadoras como Silvia Fajardo, Luisa Palacios, Estela López, Emma Solar, Patricia Báez. Y por cierto de la Mara Corona. Jugaba de defensa. Base se dice hoy.

Hermosa. Nos cautivaba además por su fuerza y efectividad cuando defendía los colores del Eloy Ramírez Ugalde (1905-1989). Un club que llevaba el nombre del ex alcalde comunista que luego del 11 de septiembre estuvo en Pisagua, por segunda vez. El timbre de ese club desapareció. No había que dejar huellas.

El Eloy Ramírez pasó a llamarse Concepción. Luego desapareció. Nadie sabe donde estás los uniformes, los trofeos y las fotos. Su color era el lila, obviamente. Jugó además por Hermanos Gallardo.

Las mujeres como la Mara inspiraron leyendas que como tal pueden ser ciertas. Una de ellas, afirma que el cantante argentino Luis Grillo en un Show 0007, le dedicó una canción. «Lisa ya no eres tú». La otra, que fue la única jugadora de básquetbol, al menos en Iquique, que hizo un autogol. Comprensible por cierto. En plena lucha por encestar, adrenalina al tope, instinto de matadora, la metió en su propio cesto. Corrió a celebrar y tardó escasos segundos, en darse cuenta que todos estaban callados, perplejos. Se había inscrito en la historia nunca contada del básquetbol femenino iquiqueño. Los que estaban ahí dicen que fue en el aro que daba a la calle Serrano, que estaba escoltada por las inmensos cuadros del Tani y de Godoy.

El Peta Castillo, histórico de Alas Negras, me cuenta de su muerte. Me dice: todos estábamos enamorados de ella. Le hacemos el coro a Luis Grillo: «La primavera ha pasado/¿Quién sabe la vida?/ Comience así/ Amor que viene del viento/Se va para siempre/ Y no vuelve más».

Chau Mara, los de La Cruz, te saludamos. Y ponemos un crespón negro en la ancha memoria de nuestro baloncesto.

Publicado en 12 de febrero de 2019

 

 

 

Noche de año nuevo.

 

Las horas que vendrán en la noche inolvidable esperan con desconcertaante alegría e inquietud, porque ellas son el balcón florido donde todos nos asomamos para ver llamear las nuevas ilusiones, esquivas en la mayoría de los casos, pero esta noche cuando caiga la ultima hoja del calendario, todos esperamos con el corazón vibrante, pletórico de ensueños.

Aquella hoja símbolo de una fecha se la llevó el viento, y aquellos dos últimos números, sencillos y piadosos, se fueron, llevándose a cuestas muchas ilusiones.

Difícil es inventariar el valor del año que se va, su tasa es muy baja en el mercado del espíritu, vuelve a encenderse el arbolito de pascua, que dejó en la navidad rebosante de alegría a los corazones infantiles, ahora lo miran los grandes y esperan encontrar en él, prendida entre su verdes hojas, una esperanza mas, hasta ahora insatisfecha.

Juguetes del tiempo y de los años, nosotros esperamos ilusionados también -mientras los tiernos niños duermen- los mas grandes lanzan petardos sobre las cabezas pensativas de los mayores… lo que ha de llegar, después de un año de inquietudes, es un misterio para todos.

Bienvenida esta noche de año nuevo y aunque no venga a nosotros con la atronadora exterioridad que ya pasaron, siempre se siente una alegría que no se puede disimular, y esto es cuando los minutos se van acercando al paralelo que separa el viejo año del nuevo que ha de llegar…

La cabeza que ha encarecido y la frente que se ha cubierto con la ceniza del arrepentimiento esperan también algo del año juvenil, dejando atrás el saldo amargo de los años pretéritos…

Una noche de año nuevo, nos hace mirar hacia delante, hurgando en la meta desconocida del destino, en busca de ensueños y esperanzas y todos encuentran la vida grande y hermosa… Y porque así la vemos en la noche de año nuevo, en la hora cumbre del tiempo.

Osvaldo Guerra.

El Tarapacá

31 de Diciembre 1957

página 5

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Iquique 1896

«En 1896, al referirse a Iquique, un viajero francés, André Bellessort, consigna en su libro La Jeune Amérique: “ Las Calles, muy espaciosas, alcanzan la misma anchura que los bulevares de París, de modo que el fuego no puede comunicarse de un frente a otro. Sus casas, casi todas de madera, tienen aires de coquetería en los mejores barrios. Sus colores frescos halagan los ojos; sus balcones-varandas y sus pequeñas columnatas les dan la apariencia de templos de ópera…”

Escribe Roberto Montandón.

Elogio a la Reina

El poeta René Rubén  le escribe a la Reina de la Primavera

 

 

Reina Primaveral de efímero reinado, ante tus gracias me inclino reverente, para ofrecerte rendido y gentilmente este elogio cordial y emocionado!

Heraldos cabalgando en cuatro vientos llevarán por el mundo tu recado! Mensaje de amor esperanzado para este siglo que sufre amedrentado en un sangrar de corazones, por el furor que han desatado los siniestros y terribles megatones!

¡En el ámbito del hogar tarapaqueño, trozo pequeño del lejano lar, regirá tu decreto de armonía como augurio de fecundos y felices días!

Reina gentil que a Iquique representas, tu nuevo imperio erguido se levanta sobre las ruinas del pasado que fuera reluciente con los cristales blancos del salitre y las escamas doradas del yodo sublimado!

¡Eres de Iquique, tierra de cateadores atletas y campeones donde el hombre esforzado no desmaya! Si ya no hay oro para él en Huantajaya busca en la sierra nuevos veneros alumbrando sus sueños con luceros!

Iquique, tierra norteña tatuada de fracasos y proezas, en tus pasados días de grandeza entregaste a la Patria tu sabia y las riquezas…

Y en los aciagos días de la guerra que tiñó de carmines nuestra tierra, llevando siempre altiva la bandera no se volvió jamás la espalda y en hazaña portentosa se guardó en el fondo de los mares, vetusta y gloriosa “La Esmeralda”…!

……………………………………………………………………………………..

¡Reina gentil! En tus cabellos negros se enredó la noche iquiqueña que embriagada de zafiros y diamantes sueña…

En tus ojos arden los tizones del sol que dora los cactus y algarrobos,

… y por las tardes sin temor ni arrobos cuelga cortinas de corales sobre las suaves playas de Cavancha…!

¡Esta es mi ofrenda que fraterno hacia ti elevo porque llena eres de gracia, soberana y dueña de todo el encanto de mi tierra iquiqueña!

RENE RUBEN

La foto es de referencia.

Diciembre

Una buena columna de Osvaldo Guerra, publicada en El Tarapacá, el año 1958

 

Un año, un mes, empiezan a caer una a una las hojas del calendario, se van los días numerosos de diciembre, mañanas cambiantes de clima y movilización general de liceanos y primarios. Soñar no cuesta nada y todos sueñan con los mejores exámenes.

Actividad escolar que empieza con madrugones desagradables, se vislumbran notas apenas regulares. Esta primavera no trajo nervios para nuestros estudiantes, no hubo disfraces encendidos de algarabía juvenil ni bulliciosas carcajadas por nuestras calles. Mejor que mejor entonces el entusiasmo escolar se ha volcado en estos estudios postrimeros. Vienen los temidos exámenes, gesto a gusto de profesores graves.

Se estudia bastante a lo largo de la avenida ribereña, pero se “pololea” bastante también. En una de estas mañanas alguien dice en el Camino estas palabras: “amores de estudiantes, luego pasaran”… empieza recién a despertar el corazón; y después de todos ellos, los estudiantes están en su línea, porque quince a dieciocho años se tienen una sola vez en la vida. Hemos encontrado en estos días, grupos compactos de ambos sexos, leyendo los textos de estudio. Van y vienen por la avenida, algunos tomados de la mano… de repente de un grupo surge en labios imberbes un cigarrillo, mientras en una “boquita muy mona” se ven juguetear globitos de “chicles”.

Y pasan los estudiantes, el paseo hacia Cavancha es el refugio sentimental de ellos y también de quienes ya dejaron de estudiar. Van a repasar los recuerdos idos…

Mes de diciembre. Ventana del tiempo que se va y trae a todos preocupaciones, ajetreos comerciales, vencimientos bancarios y esperanzas frustradas. Días tórridos del sofocante verano nuestro, elevación de humos en el desierto salitrero que va hasta el infinito azul como mensaje de trabajo, noches plenamente estrelladas que reemplazan a los crepúsculos dorados que dejo el cenit el sol con sus destellos de oro.

Los nichos ya están esperando la noche buena se aproxima, el festín pascual con juguetes, golosinas y el pan fragante de pascua.

Se van borrando los días unos a unos. Las fechas se desdibujan como las horas de los árboles, que caen al suelo en otoño, simulando mariposas muertas. Y llegara la última noche de este mes de diciembre, con muchas esperanzas para todos ¿Y quien no espera algo del tiempo cuando suenan doce campanas? Grandes y chicos, miran ilusionados la llegada del nuevo año.

Y para terminar este comentario, no resistimos el deseo de contar a los lectores una anécdota que, aunque muy distante de la fecha actual, tiene relación con estudios y con fin de año; y es esto; se presentó una vez a rendir exámenes para abogado don Alfredo Irrázabal Zañartu.

Uno de sus examinadores, era nada menos que el severo hombre de derecho, don Luís Claro Solar, quien entre otras preguntas, le hizo esta a don Alfredo:

_Dígame, señor Irrázabal, ¿Qué es el matrimonio?

Y don Alfredo, con mucha frescura, le respondió así:

“El matrimonio es un contrato real que se perfecciona con la entrega de la “prenda”…fue una salida genial, pero le costo “tres negras” en código civil y no se recibió de abogado.

Don Alfredo Irrázabal fue brillante parlamentario chileno que actuó en la política por más de 25 años. Después ingresó a la diplomacia y fue ministro de Chile en Japón, Alemania y Brasil.

 

Osvaldo Guerra.

El Tarapacá

23 de Diciembre 1958, página 5

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