Aplaudir

Los primeros sonidos musicales que produjeron los antiguos habitantes del planeta, habrá sido el que surge del contacto entre las palmas de las manos. A cierta distancia de tal modo que expulse un sonido.
Sonido elemental que pese a a su larga historia, lo seguimos usando. Más viejo que el hilo negro, sin duda.
Aplaudimos al artista: músico, teatrista, titiritero, cuenta cuentos.
Aplaudimos al deportista. El gol de Fidel Dávila, y antes el de Maradona, el de Chato Ahumada y del Rengo. El récord de Gonzalito, el de Ariel, la elegancia de Maravilla Prieto, la fuerza de Godoy. La picaresca de Juan Ostoic, la efectividad del Negro Pardo. La prestancia de la Yolanda Zuzulich, de la Basáez, de la Mondaca, de la Pardo, de la Salvo, de la Marcelita (Obviamente me faltan muchos más).
Aplausos cerrados.
Pero hoy no convoca un nuevo tipo de aplauso. Contra la muerte y en favor de la vida. Metámosle sonidos y agradecimiento a la cuarentena. Apaguemos la TV, abramos las ventanas. Tributemos a la vida.
Hoy es el día de la salud, y no hay noche ni día, que esos trabajadores, en forma anónima, sin rostros visibles, con mascarillas como segundo rostro, nos cuidan.
Cuando el reloj marque las 21 y el calendario el 7 de abril, estallará la noche.
Aplausos cerrados como sinfonía, la belleza y el agradecimiento, también sirve para derrotar al intruso que nos vinos a desnudar.

Hoy, a la hora señalada, los aplausos romperán el silencio de estas tensas noches y agobiantes días. Tal como los primeros habitantes del planeta ahuyentaron a las bestias y de paso, inventaban la música.
La foto tomada de la Revista Mensaje, Julio de 2017

Iquique, 7 de abril de 2020

Gringos

 

A fines del siglo XIX aparece en el Norte Grande un nuevo personaje. Más bien una forma de nombrar a todos aquellos que llegaban de Europa a labrarse un futuro. Eran de piel blanca. Se les denominó gringos. Y bajo esa generosa categoría cupieron todos: croatas, serbios, ingleses, escoceses, alemanes, italianos, etc. Los gringos destacaron en todo, Ataglich en fútbol, Mitrovic en básquetbol, Rendich en boxeo… En la economía, Humberstone, Gamboni, Lonza, Ostojic (tres generaciones). El gringo Yuras era dueño de un imperio de animales. Una noche sin estrellas le pregunto a mi hermano mayor porque esa ausencia, me responde: «es que al gringo Yuras se le olvidó instalarla».

Ser gringo era ser rubio. El Iquique popular usó rápidamente esa etiqueta y se la implantó a los nacidos en esas calles sin asfaltar y sin alcantarillado. Hubo gatos y jabón con ese nombre. Y la Poza de los Gringos. En cada barrio había uno o dos, es cuestión de rebobinar la memoria. En el mío, la Gringa, un personaje que anuncia a Pedro Navaja. Había también indios y negros. La diferencia entre ambas categorías la conocen sólo los iniciados. Entre el Indio Salva y el Negro Núñez, hay un paso corto. Lo mismo corre para el Indio Huiro y el Negro Chicora.

Esta cartografía de colores nos acompañó desde que Iquique se hizo inmenso. Se despliegan a través de las voces, a grito pelado. No tiene cargas raciales. Los años que cabalgan nos demuestra que el Rubio Andrés ya no está tan rubio. Y que a lo mejor, nunca lo fue. Pero para nosotros, los que nos criamos con él, sigue siendo el Rubio, al igual que el Negro y el Indio.

Los chinos tuvieron otro trato. Venían de muy lejos, parcos de palabras y generosos con la yapa, nos heredaron su gentilicio. Ahí está el Chino Amancio, el Chino Ociel y miles más.

Los gringos y las gringas que cambiaron la campiña inglesa por el desierto más carajo del mundo, no imaginaron que su presencia iba aumentar nuestro diccionario anti RAE. Es que la realidad crea las palabras. Nunca fue al revés.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 5 de abril de 2020, página 13.

Luis Eduardo Aute

Aleluya: Si te dijera amor mío

Al alba y en cuarentena me llega como afilada guadaña la noticia de la muerte de Luis Eduardo Aute.

Con él muere la belleza, la ética y el erotismo. Una mesa con tres patas.

En una calle de Amsterdam, en los años 80, encuentro una pequeña librería que vendía además discos. Veo, un LP, un rostro enjuto y de pelo largo. El disco se llama Espuma y viene con un verso de Vicente Aleixandre y otro de Paul Eluard. Lo compro sin saber de que se trata. Desde ese año Aute me ha acompañado. Lo ví en un concierto íntimo en Santiago, cuya entrada era un libro. Llegué dos horas antes, venía de Iquique. Hablé con los productores y me sentaron en la segunda fila. Eran los años 90. Luego de ese concierto tan humilde y de tanta calidez, Aute nos da la palabra. Me costó un poco y dije algo así: «He viajado cerca de 1800 kilómetros para verte y sobre todo para agradecerte. Tus canciones, me han salvado la vida». Luego agregué muy suelto de cuerpo que su mejor álbum era Templo. Y lo sigo sosteniendo. Tengo una foto con él y su CD doble Entre amigos, con su firma.

Luis Eduardo Aute en sus canciones nos deja un manojo de canciones no tarareables. Lo suyo no era el estribillo fácil, al no ser que lo usará como ironía. La sensualidad era lo suyo. Si no me creen vean y escuchen la interpretación de Slowly con Cristina. Usó el cine, una de sus pasiones, en muchas de sus canciones. «Por que la vida es cine…». Por cierto que Las cuatro y diez, es una de sus mejores temas, «entonces James Dean tiraba piedras».

Con la muerte de Aute «presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga…».

«Sé tú espuma que queda después de aquel amor» Vicente Aleixandre

Iquique, Chile, 4 de abril de 2020, tiempo de cuarentena.

¡Dentrese!

 

Quédate en casa. Por ahora, pon en entre paréntesis a la muchedumbre solitaria que nos hace sentir, falsamente, acompañados. Es tiempo de estar solos, no por egoísmo, sino por los demás. Tiempo de recorrer tu casa. Por muy pequeña que sea debe tener rincones no explorados, cajones semi-abiertos. Música sin escuchar. Libros que  esperan para que  lo devores. Lápices y hoja en blanco.  Recuerda que hay gente que no tiene el espacio que tú tienes. La calle es su hogar.

Relea ese figura de baquelita que decía «La casa chica, pero el corazón es grande». O donde «come uno comen dos». El diccionario de la humildad es generoso.

No se trata de ser místico ni mucho menos. Se trata de pensar en los otros, en nuestros padres y abuelos. No dejemos que la muerte haga su trabajo fácilmente. Quédate en casa, porque si te quedas, podemos, mañana o pasado, salir todos juntos, a celebrar la vida.

Tal vez no tengamos Tirana ni San Lorenzo. No importa, volveremos el año que viene, si la salud se nos da. O sea, si no quedamos en casa.

Hablemos solo. Ya lo escribió Antonio Machado: «el que habla solo espera un día hablar con Dios». Cantemos aunque desafinemos «Gracias a la Vida», «Rocío de la pampa» y la «Reina del Tamarugal». Cuando el agotamiento nos invade entonemos «Si supimos vencer el olvido». Quédate en casa, pero contento, que tus hijos sepan que no hay sacrificio más eficaz que el que se hace con alegría y pensando en los demás. Juega, baila, ríe. Aguantemos, cuando pase todo esto, evaluemos y pasemos la cuenta, a quien corresponda. Entonces exigiremos un hospital de verdad. Algunos nos dejarán, la muerte dejará de ser un número. Lo que escribamos puede ser póstumo.

Luego del duelo haremos una gran fiesta, la de los abrazos que nos debemos, la de los besos que no nos dimos. Conquistaremos de nuevo las calles, aplaudiremos a los funcionarios de la salud pública. Los Wiracochas nos acompañarán.

Hágale caso a la expresión tan iquiqueña, esa que en voz de orden exclama: ¡Dentrese ya!

Publicado en La Estrella de Iquique, el 29 de marzo de 2020, página 13.

Para Iris Di Caro Castillo

Texto escrito por Guillermo Jorquera Morales

Iris:

“Cuarenta noches bailando

Cuarenta noches cantando

Cuarenta noches soñando

Con una noche de julio…”

Son los bailes de la Tirana, que se preparan en Iquique, Arica, Antofagasta y todo el norte chileno, para pedirle a los campos naturales que los dejen pasar…y cantar a medianoche del 15 julio;    “canta y baila conmigo que la multitud te está esperando…”

Hoy están en silencio… porque están de duelo, les duele tu partida.

En la Oficina Iris, no suena la campana llamando a clases

Los juegos infantiles, ni siquiera se mueven;

Toda la pampa está de duelo

“ y Dios hizo la pampa

Como un poema a la desolación

Para que el sol jugase con el viento

Siendo absolutos dueños del silencio

Y la soberbia soledad”

Y en el altiplano, las parinas, los cactus, y la yareta, que tú convertiste en personajes de La Amada Kuyaskay; también lloran…

Sus lágrimas corren por las quebradas, provocando torrentes, “golpes”, de agua…lloran su pena, ansiosas por llegar al mar…

a juntarse con los peces y mariscos que hoy no están de fiesta, no hay ramadas, el pulpo y la jaiva solo lloran, y la albacora triste solo viste de luto.

En Iquique tu lar, queda tu historia, tus barrios, tus maestras, tus versos, tu “Chiricaco” y el recuerdo de tu potente voz musical, en Icaiza, y en Himnos, como el de la UNAP, que se canta siempre, y el de la Región de Tarapacá.

Hoy tus cenizas, esparcidas en la pampa ya se unen a las almas de los remolinos de viento que eternamente recorren los caminos de nuestra tierra, para que no los olviden…

Pero a ti no te olvidaremos porque eres de esos personajes grandes que mueren…para volver a nacer, eres para el mundo del teatro iquiqueño nuestro Tesoro Humano Vivo.

Guillermo Jorquera Morales.

Hombre de Teatro Iquiqueño

27.3.20

(Los textos entre comillas son de Iris a excepción del Rocío de la Pampa que es de Patricio Flores)

Iris di Caro

(1926-2020)

La bandera de la iquiqueñez tiene un nuevo crespón negro. Nos ha dejado la poeta Iris di Caro. Inmensa como el desierto al que cantó. Síntesis perfecta de esa ciudad, la nuestra, que se fundó con los aportes de todas las sangres. Bella como los atardeceres de esta costa larga como sus poemas. Inevitable a la hora de la educación artística. No dejó dimensión artística sin explorar. Fue una señora, una dama, una cómplice, una defensora de la belleza, aliada de la ética. Una maestra, que nunca dejó de aprender.

Te vas en momentos en que tu querida Italia sufre lo indecible. Nada más anti-poético que la muerte, excepto la tuya. Desde nuestros claustros, te lloramos, y releemos tus versos. Conocerte y quererte fueron dones que tú solo podías entregar. Me quedó con tu sonrisa abierta como las puertas de las escuelas públicas, esas que tenían número.

Nuestra entrevista a la poeta: https://www.youtube.com/watch?v=vTeHhMqLMN8&feature=youtu.be

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