Zurdos

No hay quien no tenga un amigo zurdo. Reprimidos en la escuela y valorados en las canchas, vaya que paradoja. En los años 50, se decía que era la mano de diablo. La vida no le era fácil. Maradona, con la izquierda trampeó a los ingleses. Dijo que era la mano de Dios. Un zurdito garantiza un buen juego. Ya sea en el básquetbol, el boxeo o el fútbol, marcaban la diferencia.

En la escuela no había mesas para ellos o ellas. Eran obligados a usar la diestra. Y a veces por métodos que hoy ya no se puede usar. Menos mal. La vida no le era fácil. Había que normalizarlos como se dice hoy. A la hora de la choca desentonaba el zurdo al echarle el azúcar a la taza de té.

Pero, ya lo dije, en la cancha eran tesoros. Recuerdo zurdos en el baloncesto. Empiezo por casa, Juan Rozas, Andrés Mery y su hermana Lorena, que además era imparable en el ping-pong. El Peta Castillo no se cansaba de echarla adentro. ¡Ay de aquellos que usaban ambas manos! El Negro Pardo, era incombustible. En el boxeo el zurdo te cambiaba la guardia y ahí quedaba el otro: Humberto y Rubén Loayza, el Huaso Sepúlveda. En el fútbol, el Mono Sasso y Héctor Tito Francino y muchos más. ¿Se acuerdan los del béisbol del pitcher Mardones? La máxima en algunos deportes era usar ambas manos. El viejo Manuel, les inmovilizaba el brazo derecho y los obligaba a usar la mano prohibida por la escuela. Había que ser ambidiestros. Bandeja por la izquierda, bandeja por la derecha. En el pool o en la mesa de billar o en los palitroques, se lucían.

Ser zurdo tiene además connotaciones políticas. En tiempos oscuros palabra prohibida, perseguida, clandestina. Muchas veces pronunciada con odio. La izquierda tiene sus mitos y anhelos como eso de que unida jamás será vencida. En las canchas la expresión tremendo zurdazo alegraba a la mitad de la hinchada. La otra mitad maldecía. Me encantan los zurdos.   En los barrios no se le decía zurdo, la palabra correcta era ñurdo.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 17 de mayo de 2020, página 13.

En la fotografía Humberto Loayza Veas, campeón sudamericano y sobrino del Tani.

Agradecimientos a: Mario Gutiérrez, Freddy Ara, José «Tigre» Cantillana y Enrique Campuzano, Hernán Low, por los datos. Y hay miles de zurdos más.

Palabras

 

Las palabras tienen su magia. No me refiero solamente a aquellas que están inscritas en los diccionarios oficiales. Me gustan las del habla popular. Esas que se rebelan contra la RAE. Por ejemplo: compañones, paltó, chalequina, machina, jeme y cientos más. Cuando un niño se portaba mal se decía que era un «chiquillo de moledera».

El diccionario popular está lleno de guiños y de rebeldía. Surge de la calle y sirve para designar todo lo que nos rodea. En el Norte Grande, además nos beneficiamos de préstamos del inglés, aymara, italiano, quechua, croata. Y de tantos otros modismos del español y creolé transportados en las maletas de los nuevos migrantes. Le decíamos foco a la ampolletam a tota, al apa, boche a la pelea. Y cuando jugábamos al Cuncurumeme, contestamos «Cuántos juegos tenimos». Para jugar a las bolitas usamos la uñaja. Muchas de esas palabra perdieron eficacia, por lo mismo que ya no se juega al Caballito de Bronce.

Palabras con olor a calle, a veredas de madera, a humedad, a jazmines, a albacora frita, a flores marchitas del cementerio. Los normalistas nos mostraban las palabras correctas. Y de paso los rebautizamos como Chutes. La primera vez que escuché la palabra hincapié, fue en el Liceo de labios del Tarzan Carlos Frankie. Con Les Luthiers aprendí a derribar y a construir nuevas palabras. «Puso pie en tierras inca. O sea, hizo hincapié». El juguete preferido de los poetas son las palabras. Hacen y deshacen con ellas. Por lo mismo son pequeños dioses. Pero hay palabras gastadas que no dicen nada. De allí la expresión de Huidobro, «el adjetivo cuando no da vida, mata». Las palabras son cosas serias. Con ellas aprendemos a nombrar objetos. Es batea no arteza, es cucarro en contradicción a lo armónico. Es paila, la de huevo y la de irse a las pailas como las cambuchas de septiembre. Es descuerpo. No es flato es tirarse un chancho.

En las familias siempre había una yerna y un entenao, aparte del allegao que pasó a ser parte del comedor diario. Y pao, pao..

Publicado en La Estrella de Iquique, el 10 de mayo de 2020, página 13.

La Tirana. Así pasen los años 1891-1973

La Fundación Crear hace entrega a la directora del Museo de la Vivencia Religiosa de La Tirana, Karla Aguilera Mondaca,  de 12 ejemplares del libro La Tirana. Así pasen los años 1891-1973.

Este libro en su impresión fue financiado por el Gobierno Regional de Tarapacá, FNDR del 6% correspondiente al año 2019.

Este libro se regala a bibliotecas, organizaciones como la Federación de Bailes Religiosos.

Iquique

Esta ciudad amarra como los amores adolescentes. Se te queda prendida en esos recovecos del alma que son muchos; tiene callejones y avenidas. Mientras estás aquí, en sus barrios, playas, canchas, esquinas, fuentes de soda, todo parece fluir normalmente. Saludamos de una esquina a otra y el avísale abre puertas y ventanas. El otro te responde con su contraseña: avisándole. Somos alaracos. Extrovertidos dicen los especialistas. ¿Qué saben? ¡No saben na!

Pero cuando te llega el exilio en todos sus modos, el mundo se te mueve. Cuando recibes la noticia que debes irte a estudiar a otra ciudad,  los ojos comienzan a llenarse de olas. Y nos da por cantar «Pero tú no has estado en Cavancha…». Los iquiqueños, a pesar de nuestra choreza, somos de lágrimas negra. El otro exilio, el duro, ese que te prohiben pisar las veredas de maderas es terrible. No sólo te duele Chile. Es más. Te duele Iquique. ¡Y ese si que es dolor!  Iquiqueños por el mundo son como cazadores recolectores que se juntan frente al fuego, para acordarse de la historia larga del puerto. El 21 de mayo de 1879, el 21 de diciembre de 1907, los 16 de julio de cada año en la que se le cantan a la virgen del Carmen, no a la oficial, sino a la China, el 10 de agosto al Lolo, en el pueblo de Tarapacá. Súmele las gestas deportivas que son miles. La pelea de Godoy con Joe Louis, los iquiqueños basquetbolistas en la olimpiada de Londres, el gol de Jorge Robledo en Inglaterra. por ejemplo. Iquiqueños del mundo uníos…

Iquique es cosa seria aunque sus habitantes no parecen serlo. Obvio, en Iquique el carnaval dura todo el año. La cuarentena es el auto-exilio. La muerte no es más que la prolongación de la vida. El sueño de los vivos, es ser enterrados con banda de bronces, «cantando desde el puerto hasta Cavancha» tal como afirma nuestro himno. Los nuestros se reconocen en cualquier parte del mundo. Andan diciéndoles a todos que son nietos de Wiracocha, compadres del Lolo e hijos de la China.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de mayo de 2020, página 12.

Desconozco la autoría de las fotografía que acompañan el texto

Un cumpleaños imaginado

Carta abierta a Juan Carlos Rocha

Era mi intención, para este especial día para mi, realizar una gran fiesta. Esta vez si, con invitados de lujo. Entre los primeros tu bella familia (me refiero a tu compañera e hija). Y a la Trova por cierto. Me imagino toda una tarde, dale que dale con Silvio. Y la guitarra del Ronald y sus concursos: ¿Los New Demons o Los Angelos? Invitado además Americanto con el Polo y el Maestro Pedro Portillo, un lujo. La Ximena Brian con la Marcela Cardemil y sus canciones que huelen a libertad. La Rondanelli que cantará como sólo ella lo sabe. Puede ser nuestra Malena Muyala, es cosa de ella. Estará además la Jacqueline Parada, cantando «Fogata de amor…».

El vino generoso, porque ya lo cantó Horacio Guarany «si el vino viene, viene la vida», viajará en copas. La gente del teatro que aún sueña con montar Del Chumbeque a la Zofri, hará un minuto de silencio por don Estanislao y Yamil, las dos caras de Antonio Sabat. El viejo Willie Cegarra y doña Brunilda bailarán el vals Iquique. La Gaby sin que nadie se le pida asumirá, no como dueña de casa, sino como administradora general del evento. Serios como siempre tomaran sus guitarras Jorge Andahur y Raúl Jorquera. ¡Maestros!

Se dejará caer Mario Cruz, junto a los tres Guillermos: Jorquera, Ross-Murray y Ward. La poeta Cecilia Castillo no se hará notar. Pero sabemos que está ahí. El grupo Raíces con Caroca y su bombo leguero. El Chechi Montecinos, nos invitará a caminar por «la cintura cósmica del Sur». El Tito Challapa, humilde dentro de los humildes me hablará del Susano  y de sus correrías por aquí y por allá.

Estará la gente de Ciren/Crear, una delegación de La Cruz, de la Unap, mis amigos del Tigre Deporte, incluido el Negro Díaz y por cierto la Vecindad. La Miriam que ese día también cumple los años que bien se merece. Vía Zoom desde Francia, con Gilles Rivéres, nos saludaremos. También es un Tauro. Desde Santiago, la Joaquina, la Bea y mis nietos estarán como presentes. Mi madre, orgullosa, me seguirá teniendo en sus oraciones. Mi buen y gran amigomiodemi, Carlos Aguilera con su sonrisa franca, me regalará lo que hoy tanta falta nos hace: un abrazo. Daniel Kiblisky, me hará escuchar la última canción de Aute. El teniente Sura, como siempre, atento a la jugada. A la entrada del baño un letrero: «Aquí no se escucha a Arjona ni a Ceratti.

Toma la guitarra el flaco Celedón cantando esas sambas que el Coke Iturra, en plena noche en el Wagón, cuando se convertía en un salteño de tomo y lomo. Los recuerdos tendrán cabida en la voz del gran Luis Alvarez, el Blacky, con las canciones del tiempo de la moto. Sus largas giras por Isla de Pascua, por China, antes del Coronavirus, donde recopiló ese tema del Chinito Loco. Ulimario Barnao, profesor de Matemáticas cantará entre otras: «Detén la noche». El poeta Juvenal Jorge Ayala recitará sus poesías tal cual lo hacía en las noches del Wagon en los años 80. De vez en cuando el vozarrón de Jorge Paniagua se hará sentir.

Te imaginas como estará esa fiesta mi querido, admirado y respetado Juan Carlos.

Habrán por cierto invitados emblemáticos como Carlos «Sentimiento» Avalos, Checho González, Víctor Palape, entre otros. La enjuta figura de Guido Marincovic nos llevará a entonar el bolero «Iquique, querido».

La Magaly Moya vendrá de Santiago junto a Juan Liner. Nuestro común amigo Rodrigo Orchard, inmortalizará esos momentos. Como en Iquique pocos cantan a Sabina, Alvaro Mundaca nos regalará un par de canciones del flaco de Ubeda. «Y nos van a dar las once, las doce y la una». Te aviso que la fiesta empieza a las 12.00 en punto. Mis tías, sólo dos me quedan, ya estarán instaladas junto a mi hermana, primas, sobrinos junto a ese cuasi-hermano que se llama Eduardo Patiño. Y casi al amanecer como especie de Rompía del Día, mi amigo Checo, hará entrar a Los Wiracochas, no sólo con el Memo sino que su padre, el ilustre, el viejo Contreras.

Como verás mi estimado Juan Carlos, todo preparado, todo listo para este 1 de mayo. Pero no se si te habrás enterado, desde la China Imperial, se nos coló un invitado no esperado. Y tiene para rato. Las buenas intenciones estaban. Para otra vez será, si pasamos ojalá, agosto.

 

 

El diseño de la invitación fue hecha por Gerardo Segovia Rojas. ¿Quién otro?

 

Iquique, 1 de mayo de 2020

 

 

 

Cuarentena

 

Nada más antiiquiqueño que la cuarentena. Los nuestros se definen por la cercanía con el otro. «Somos pura piel» reza un decálogo. Andar achoclonados me gusta en cuanto expresión. La metáfora del choclo funciona a la perfección; si es de Camiña mejor aún. Hombro con hombro. El abrazo fuerte y sobajeado por la espalda. El apretón firme de mano.

Hoy estamos en suspenso. La vida cotidiana se nos ha trastocado. La junta en la esquina, el ensayo del baile religioso, los preparativos para el desfile del 21 de mayo y el de todos los domingos, la lota, el tecito, han quedado en veremos. El entrenamiento en las canchas. Se echa de menos los bronces, las cajas y los bombos. Se extraña el silbido del árbitro, el golpeteo del balón sobre el asfalto. La musiquilla del afilador de cuchillos.

Cae la noche y las calles quedan huérfanas del bohemio, del carrete, del happy hours eterno. La noche nos cierra sus generosas puertas. El Dándalo no se puede entender sin este mar de parroquianos, al igual que el Democrático. El Genovés se anticipó y cerró.

¿Seremos los mismos postcuarentena? Creo que si. El Adn de Iquique resiste al encierro. Lo de ahora es un reflujo, un paréntesis. Nos guardamos. Es como el primer tiempo, tomamos aire, para salir a golpear tal como lo hacía Mario Loayza, el sobrino el Tani.

La cuarentena nos enseña a quienes podemos, claro está, a dialogar con nuestro otro yo. Y no estar de acuerdo. La pandemia del Covi 19 desnuda a la sociedad tal como lo hizo el 18 de octubre. El racismo y el clasismo se deja sentir. Como siempre los costos lo pagaran los mismos de siempre. «Es peligroso ser pobre amigo, es peligroso». Cuando volvamos a la calle, lo haremos a tientas, como recién salidos de un estado febril. Tomaremos distancia física, pero no social. El Otro, aunque esté alejado físicamente, está con nosotros. Hace rato que no tenía tantas solicitudes de amistad en Facebook. Nunca la expresión «Abrazos a la distancia», tuvo tanta vigencia.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 26 de abril de 2020, página 13.

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