Lombardi

No lo conocí mucho. Éramos de generaciones diferentes y pertenecíamos a dos Iquique también diferentes. El apellido Lombardi y de eso no cabe la menor duda, es uno de los clásicos de esta ciudad. Su padre un cirujano nacido en Tacna, se ganó el cariño de la ciudad y que se abrió paso en su profesión con invención y vocación. Ser cirujano en una sociedad como la nuestra no era tarea fácil, sobre todo en plena crisis pos-salitrera.

A Enrique lo conocí en los tantos lanzamientos de libros que había en Iquique. Siempre estaba en primera fila, sonriente y amable, un rasgo heredado de su familia y que no compra en la botica. En el Círculo de Lectores de La Estrella coincidimos más de una vez. Pensábamos distinto, teníamos interpretaciones a veces encontradas acerca del pasado y presente de nuestro querido Iquique, pero nunca nos dejamos de saludar.

Su casa de la calle Serrano, tal vez la única que queda en pie en tanto casa residencial, siempre fue una referencia. Tenía un olor a limpio y una inmensa mampara. Era un buen lector, busquilla y preguntón. Una vez me invitó a dar una charla a los rotarios de la calle Aníbal Pinto. Hablamos de esto y de aquello. El humor siempre estaba presente. Le recordé de la intervención que el Rotary había hecho en la plaza Arica en los años 40 y de repetir esa acción. Lo hicieron y se lo agradecimos. Practicó la natación y el waterpolo como se estilaba en esos años, seguro que con un traje de baño marca Catalina.

Siempre lo vi con trajes claros como la primavera de esos años en que ser joven en Iquique era pasearse en la plaza Prat, escuchar las delirantes historias de Che Carlos, gozar de la música en la chancha del Murex, y por cierto, enamorarse socráticamente de una muchacha.

Iquique, noviembre de 2019.

 

Gary, amigo

Dos veces consecutivas levantando esa esquiva copa, la de América,  Rompiendo el monopolio del Río de la Plata. Acostumbrados a eso de que la copa se mira y no se toca.

La roja de todos nos unían en ese lindo opio que es fútbol. Pero a la larga, ese opio no era más que apio, un alimento de innumerables propiedades. Era lo único que nos cohesionaba como chilenos, o casi.

La roja con camarín dividido dio, por fin,  en el tono. Bajo la batuta del Gary ese que inventó la palabra chispeza y que no se olvida de donde viene, se concentró en Pinto Durán, y sin vestirse de corto, sin acudir a los miles de analistas políticos que desfilan por la TV, sin negociar premios, decidieron no jugar. Le dijeron no a la Fifa, no a la Anfp, no a los sponsor. Hicieron un círculo y con la lucidez del Gary y de Charly, dijeron Si a la lucha de los miles que sobran en este país.  País hecho a imagen de la  élite que tiene menos calles que la Venecia inundada.  Y que jamás entenderían la fiesta de La Tirana.

El Gary se mandó esta frase para el bronce: «Hay un partido más importante que es el de la igualdad». El empate, a veces, es bueno, sobre todo en el Chile de hoy.  El Gary puso la pelota en el suelo, y sobre ella su autoridad.El estallido de octubre no dejó a nadie en ese cruel territorio de la neutralidad que a veces se viste de apoliticismo.

La roja es una vez más la de todos. Ya vendrá Qatar. Si llegan a ese extraño país en ese lejano mundial, sus triunfos serán mayores.

La cancha de este país será un poco más pareja. El viejo que va a la galería tendrá, espero una mejor jubilación. Remedios más baratos.

Necesitamos más Gary y en todos los deportes.

Ya están en la historia del fútbol, pero le faltaba el lugar en la historia grande. Gary tiene calle, carácter, agallas y sobre todo buena memoria. No se olvida de donde viene.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 19 de noviembre de 2019, página 13

1957

 

La crisis de salitre dejó al Norte Grande en una gran orfandad. El estado central, lisa y llanamente se olvidó de este territorio cuyas riquezas alimentaron a todo Chile. Desde el 1930 al 1960, la ciudad trataba de sobrevivir. Muchos la abandonaron en búsqueda de mejores perspectivas. Comerciantes, deportistas, y por cierto obreros que regresaron a sus tierra de origen, desenganchándose. Un dato importante, la iglesia Anglicana de la calle Orella, en lo que se conoció como el barrio inglés, cerró sus puertas. Santiago, a través de su elite otorgaba paliativos para la crisis. En la década de los 50, se anunciaban proyectos mineros, explotación de gas, petróleo y la famosa fábrica de cenizas de soda, entre muchas otras. Incluso se hablaba de que los japoneses iban a comprar el cerro Dragón para producir porcelanas. Espejismos, por cierto. A través del deporte, protestábamos contra el centralismo, ganando casi en todo.

La sociedad civil iquiqueña hacía notar su descontento. Gozaba de una organización cuya transversalidad era su común denominador. Sólo el intendente y por razones obvias, no participaba. Cansados de tanto esperar, organizaron uno de las protestas políticas  más osadas que se recuerde en nuestra historia reciente. Luego de muchas reuniones, muy parecida a cabildos, decidieron que el 21 de mayo de 1957, la ciudad amaneciera con la bandera nacional a media asta. La fecha, demás está en recalcarla, señala el comienzo de la anexión de Tarapacá y Antofagasta a Chile. La bandera arriada a la mitad del asta, pone en entredicho la arenga de Prat. El estado central reaccionó como siempre, impuso el estado de emergencia. Arguyó: «relajamiento patriótico». Los dirigentes, que no eran comunistas ni muchos menos, fueron apresados y sometidos a juicio. El diario El Tarapacá, se hace cargo de narrar esta situación. Lo anterior hizo que el diputado Juan Checura afirmara que Iquique, era la Cenicienta del Norte. La interpretación es evidente. El estado central, la madrastra, nos explotó cuanto pudo. Pero a diferencia del cuento, del príncipe nunca se supo. Aunque de vez en cuando, aparecen por estas tierras quienes pretenden hacernos creer que han encontrado el zapatito extraviado.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 10 de noviembre de 2019, página 13

Colo Colo

Los deportistas en términos generales afirman que la política no tiene nada que ver con el deporte. Se definen como apolíticos como una forma de no expresar sus opiniones. En el mundo de fútbol y antes de la explosión del mes de octubre, Carlos Caszely y Jean  Beausejour saltan a la vista por su capacidad y valentía de expresar sus opiniones. El chino desde los tiempos de la Unidad Popular se definió como allendista y luego como anti-pinochet. El  segundo se ha opuesto a todo forma de discriminación, sobre todo a la étnica, ya que la ha sufrido en su doble condición de sus ancestros haitianos y mapuches. Coliqueo, su apellido materno se lo puso en la espalda cuando Chile, por la muerte de Camilo Catrillanca, empezaba lentamente a arder.

Hoy los máximos referentes  de lo que queda de la generación dorada, se han expresado. Valdivia y Díaz tuvieron que cerrar sus twitter. El que mayor impacto ha provocado ha sido el sobrio y eficaz Charles Aránguiz. «No te metas con el Príncipe» se leía en las redes sociales a raíz del ataque clasista de José Antonio Kast.

Colo Colo realizó un cabildo para discutir el tema país. Un ejemplo que otras instituciones deportivas, y no sólo del fútbol, deben realizar. Los iquiqueños bien sabemos el estado precario en que se desarrollan nuestras actividades, sobre todo, en el ámbito amateur. Vemos al Ministerio del Deporte alejado de nuestras realidades cotidianas. La única relación es través de fondos concursables que bien sabemos no es una política pública, sino que un subsidio. Y eso tiene que cambiar. El deporte amateur es una de las bases de una sociedad democrática. Canaliza el ocio, crea identidades, contiene conductas no deseadas, etc, además de ampliar el capital social y de aportar a la disminución de la obesidad.

Colo Colo nos ha dado una lección de acuerdo a la densidad de su historia. Entendió que es necesario detener el balón para pensar en un país mas justo. Espero que la Tierra de Campeones, esté a la altura de su historia.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 3 de noviembre de 2019, página 13

En la foto Santiago Salfate, iquiqueño, capitán de Colo Colo en la ´década de los años 30.

Huantajaya



Los muertos de Huantajaya perdieron la memoria. En la huella de los chinchorros, 
yace el sueño de los justos en pleno desierto, pero carecen de arqueólogos que nos informen de sus vidas. Ahí están quien sabe desde cuando. La plata que produjo este mineral fue similar al de Potosí, pero en menor medida. Hoy 1 de noviembre, el sonido de los bronces los arrulló. Le colgaron coronas con hojas de latas y se bailó y se cantó. No hay deudos, solo parientes lejanos, tan lejanos que no saben quién es quién. El pino oregón que los recuerda resiste al paso de la indiferencia. Hoy, el baile chino y los chunchos les recordó la fiesta de La Tirana, cuando esta aún era familiar.

1 de noviembre de 2014

Cacerolas

Desde la infancia y al alero de la madre uno se va enterando de los nombres de los artefactos de la cocina: ollas, sartén, cacerola.  Un admirado amigo del barrio lleva hasta ahora el sobre nombre de Cacerola, su apellido Bustos, su nombre Sergio.  Nadie sospechó que también sería un instrumento político.

Las señoras del barrio alto fueron las que transformaron las ollas en un instrumento político. Protestaban contra la “ingobernabilidad” de la Unidad Popular. Y por cierto que con ese sonido trataban de ahuyentar los fantasmas del comunismo, ese que recorría Europa en el siglo XIX, y que quería instalarse en Chile, previo paso por Cuba.

Ahora a comienzos del siglo XXI, por las calles de Chile, su sonido monótono y feo, pero necesario, aspira a conseguir un mejor país.  Pasó, la cacerola, de la mano derecha a la mano, no a la izquierda, sino ciudadana.  Ya sabemos “el pueblo unío, marcha sin partido”.

En Iquique a las cacerolas y los silbatos, se han añadido  decenas de bandas de lakas y de bronces a esta sonoridad del descontento.

Ollas, tapas de ollas, sartenes, y otros objetos que al ser golpeados por otro objeto, cumplen la función de certificar que el gobierno, este y los anteriores, han reprobado en construir un país para todos.  No tiene, el gobierno de Piñera, la capacidad de entender lo que lee. No sabe las operaciones básicas de la aritmética: miles de gente en la calles, son muchos mas que dos (como el  poema de Benedetti). Que el país tenga como banda sonora, las graves notas de las  cacerolas, a las 21.00 horas, está diciendo que algo de la presunta armonía se ha roto. El único oasis que existe es Pica y no hay más.

La necesaria cacerola, olla, sartén, tetera o paila, más allá de su clásica función para lo cual fue creada, asume ahora un nuevo rol, ese que la derecha, la de las mujeres ABC1, nos legaron cuando trataban de ahuyentar al comunismo, y de paso incitar a los militares para que bombardearan La Moneda.

Hoy su sonido no pretende encender el palacio de gobierno, solo desea llamar la atención para tener un  país cuyo común denominador no sea la humillación, sino que la dignidad.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 27 de octubre de 2019, página 19.

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