Desde la infancia y al alero de la madre uno se va enterando de los nombres de los artefactos de la cocina: ollas, sartén, cacerola.  Un admirado amigo del barrio lleva hasta ahora el sobre nombre de Cacerola, su apellido Bustos, su nombre Sergio.  Nadie sospechó que también sería un instrumento político.

Las señoras del barrio alto fueron las que transformaron las ollas en un instrumento político. Protestaban contra la “ingobernabilidad” de la Unidad Popular. Y por cierto que con ese sonido trataban de ahuyentar los fantasmas del comunismo, ese que recorría Europa en el siglo XIX, y que quería instalarse en Chile, previo paso por Cuba.

Ahora a comienzos del siglo XXI, por las calles de Chile, su sonido monótono y feo, pero necesario, aspira a conseguir un mejor país.  Pasó, la cacerola, de la mano derecha a la mano, no a la izquierda, sino ciudadana.  Ya sabemos “el pueblo unío, marcha sin partido”.

En Iquique a las cacerolas y los silbatos, se han añadido  decenas de bandas de lakas y de bronces a esta sonoridad del descontento.

Ollas, tapas de ollas, sartenes, y otros objetos que al ser golpeados por otro objeto, cumplen la función de certificar que el gobierno, este y los anteriores, han reprobado en construir un país para todos.  No tiene, el gobierno de Piñera, la capacidad de entender lo que lee. No sabe las operaciones básicas de la aritmética: miles de gente en la calles, son muchos mas que dos (como el  poema de Benedetti). Que el país tenga como banda sonora, las graves notas de las  cacerolas, a las 21.00 horas, está diciendo que algo de la presunta armonía se ha roto. El único oasis que existe es Pica y no hay más.

La necesaria cacerola, olla, sartén, tetera o paila, más allá de su clásica función para lo cual fue creada, asume ahora un nuevo rol, ese que la derecha, la de las mujeres ABC1, nos legaron cuando trataban de ahuyentar al comunismo, y de paso incitar a los militares para que bombardearan La Moneda.

Hoy su sonido no pretende encender el palacio de gobierno, solo desea llamar la atención para tener un  país cuyo común denominador no sea la humillación, sino que la dignidad.

Publicado en La Estrella de Iquique, el 27 de octubre de 2019, página 19.

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