Los primeros sonidos musicales que produjeron los antiguos habitantes del planeta, habrá sido el que surge del contacto entre las palmas de las manos. A cierta distancia de tal modo que expulse un sonido.
Sonido elemental que pese a a su larga historia, lo seguimos usando. Más viejo que el hilo negro, sin duda.
Aplaudimos al artista: músico, teatrista, titiritero, cuenta cuentos.
Aplaudimos al deportista. El gol de Fidel Dávila, y antes el de Maradona, el de Chato Ahumada y del Rengo. El récord de Gonzalito, el de Ariel, la elegancia de Maravilla Prieto, la fuerza de Godoy. La picaresca de Juan Ostoic, la efectividad del Negro Pardo. La prestancia de la Yolanda Zuzulich, de la Basáez, de la Mondaca, de la Pardo, de la Salvo, de la Marcelita (Obviamente me faltan muchos más).
Aplausos cerrados.
Pero hoy no convoca un nuevo tipo de aplauso. Contra la muerte y en favor de la vida. Metámosle sonidos y agradecimiento a la cuarentena. Apaguemos la TV, abramos las ventanas. Tributemos a la vida.
Hoy es el día de la salud, y no hay noche ni día, que esos trabajadores, en forma anónima, sin rostros visibles, con mascarillas como segundo rostro, nos cuidan.
Cuando el reloj marque las 21 y el calendario el 7 de abril, estallará la noche.
Aplausos cerrados como sinfonía, la belleza y el agradecimiento, también sirve para derrotar al intruso que nos vinos a desnudar.

Hoy, a la hora señalada, los aplausos romperán el silencio de estas tensas noches y agobiantes días. Tal como los primeros habitantes del planeta ahuyentaron a las bestias y de paso, inventaban la música.
La foto tomada de la Revista Mensaje, Julio de 2017

Iquique, 7 de abril de 2020

MENU