GUILLERMO ROSS-MURRAY


¡Dale, Godoy, dale!



Nadie
ya
te reconoce, agazapado
bailarín, elástico
caparazón
de pura fuerza, sinuoso juego de piernas
y de cintura,
      volantinero
del ¡Dar, dar...
y recibir
nada!
finta fabulosa y cruzas tu izquierda
que revienta
delirante
      ¡Dale Godoy!
¡Dale! ...
y
hacia el ocaso,
un colosal árbol muriente
cae
cae,
      de súbito,
sobre la calzada de Tarapacá.

Torpe paquidermo que divagaba por calles
intempestivas para siempre:

¡Dale, Godoy!
¡Dale! ...
      ¡Dar, dar...
y recibir
nada!...

No quedan rastros
ni siquiera del lugar donde naciste:
Caleta Buena

No has podido eludir este cruel maretazo
de la vida.

¡Dale, Godoy!
¡Dale! .